La mente como prisión y como refugio: reflexiones sobre la libertad, el significado y la naturaleza de la realidad. Hay una frase que desde hace años vuelve a mí con insistencia: la libertad es un estado en la mente. No nació como una consigna filosófica aprendida en un libro ni como una máxima heredada de algún maestro espiritual. Surgió lentamente, como suelen surgir las convicciones más profundas: a través del dolor, de la observación y de ciertas experiencias que obligan a replantear aquello que creíamos evidente. A lo largo de mi vida hubo tres situaciones que, aparentemente inconexas, terminaron convergiendo en una misma pregunta: ¿hasta dónde llega el poder de la mente humana? La primera fue una conversación con un neurólogo. En un momento particularmente complejo de mi existencia, este profesional me dijo algo que quedó grabado en mí con una fuerza extraordinaria: «El poder de la mente es tan extraordinario que incluso a nosotros, que la estudiamos, todavía nos res...
Una mirada profunda a la humanidad