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Concierto de JINJER en la Sala Wagon / Lab Club (Madrid), junto a Textures y Unprocessed (2026)

Frío, lluvia y destrucción sonora.


Cartel del concierto de JINJER en la Sala Wagon / Lab Club (Madrid), junto a Textures y Unprocessed (2026)


Frío mortal. La humedad cala hasta los huesos.
 
Por ahora, la cola no es muy larga: habrá unas cuarenta o cincuenta personas, como mucho.
 
Son las 16:45. La apertura de puertas será a las 17:30. Creo que he llegado demasiado pronto…
 
Mientras espero a que llegue la hora, me entretengo observando los edificios medio ocultos por la niebla, el cielo gris y la lluvia que cae sin cesar.
 
Por suerte, aquí, bajo el largo techado que precede a la entrada de la Sala Wagon (o Lab Club), estamos al resguardo del aguacero.
 
La verdad es que no sabía si iba a encontrar el lugar, ya que las indicaciones que hay por internet no son demasiado precisas. Sin embargo, no era tan difícil.
 
Se puede coger el metro o el tren hasta la estación de Chamartín, por ejemplo. Si se ha optado por el metro, hay que subir hasta donde están los torniquetes y cruzarlos para entrar a la zona de Cercanías.
 
Siguiendo por el pasillo que queda a la derecha del Café Chamartín, habrá que subir el primer tramo de escaleras mecánicas y luego salir a la calle. A partir de aquí, solo hay que seguir caminando todo recto por debajo del scalextric y luego por la acera de la izquierda.
 
A la izquierda queda la estación de Chamartín. Un muro con vallas rojas se alza por este lado. Finalmente, el muro blanco se transforma en un amplio portal cuadrado, custodiado por una valla grisácea. Sobre el portal pueden leerse las palabras “Agustín de Foxá 40”.
 
Tras cruzar el umbral, te topas con unas escaleras mecánicas. Hay que subir los dos tramos y, finalmente, adentrarse en una penumbrosa explanada. Un amplio techado cubre la mayor parte de la zona, salvo la zona central.
 
Nada más entrar, te topas de frente con una columna, adornada con un letrero grande de color negro en el que pueden leerse las indicaciones pertinentes para encontrar la sala.
 
Solo hay que caminar de frente y cruzar la explanada hasta el otro lado, abandonando por un momento la protección del primer techado. Una especie de pasarela cruza de un lado a otro, funcionando como cubierta para la entrada de la sala, a la derecha.
 
Aquí me encuentro, observando a los metaleros que van llegando poco a poco.
 
Hay un poco de todo. La edad media de los asistentes rondará entre los 25 y 35 años, pero también se ven caras curtidas de 40 o 50, e incluso de 60 o más. Melenas, babas, chupas de cuero, alguna cresta y…, sobre todo, buen rollo.
 
Estoy a punto de congelarme. Empieza a dolerme la espalda, así que empiezo a estirarme, a encogerme y a dar saltitos para que mi cuerpo no se quede agarrotado.
 
Escucho al chaval que hay detrás de mí. Dice que se ha venido desde Alicante, donde estaban a 20 ºC, y que solo se ha traído una camiseta de manga corta y la chaqueta. Le compadezco.
 
De repente, la cola se ha duplicado o…, más bien, se ha doblado. Me asomo, pero no veo hasta donde llega. En algún punto, gira y se extiende en paralelo por nuestra izquierda, llegando casi hasta la entrada del local. No es raro, ya que se han vendido todas las entradas, pero sorprende.
 
Pasadas las 17:30, abren el acceso y la cola empieza a moverse. Me preparo para sacarme todo lo que llevo encima, pero, para mi sorpresa, no nos registran. La chica pasa el lector por la pantalla de mi móvil para leer el QR y me da la bienvenida.

 
Entro en la sala, quedándome bastante sorprendido por el tamaño que tiene. Distintos focos de colores rompen la oscuridad. A los lados, se extienden unas zonas con mesas y sillones. En los extremos, incrustados en las paredes, destacan tres o cuatro bares. En general, el aspecto del lugar es agradable, cuidado y limpio.
 
Dirijo la mirada hacia el fondo: el escenario ya ha sido rodeado por la primera avanzadilla de metaleros. Por un momento, estoy tentado de sentarme en uno de los sillones. Sin embargo, veo que, en la zona delantera, bastante cerca del escenario, hay unas barras de aluminio o algo parecido. Me acerco. Se supone que son para acodarse sobre ellas, pero veo factible usarlas como asiento.
 
Me siento sobre la estructura de aluminio de la derecha; a la izquierda, a unos veinte metros de mí, hay otra. Puedo apoyar la espalda y hasta recostarme, así que no me puedo quejar.
 
Al rato, varias personas tienen la misma idea que yo. Un hombre de unos 60 años se sienta en el extremo de la derecha de la barra, pero, pasados unos minutos, se aburre y se marcha. Poco después, una pareja se acerca, situándose a mi izquierda; se quedan de pie, pero barajan la opción de sentarse en algún momento, así que les dejo un hueco. A mi derecha se sienta una chica, que viene acompañada por un tipo melenudo y con barba, otro melenudo y una chica que lleva una gorra y una camiseta con las letras “Death Metal” en la espalda.
 
Ya casi son las 18:00; se acerca la hora. Al parecer, los primeros en tocar serán los de Textures; después, vendrán los de Unprocessed; y, finalmente, Jinjer.
 
Debo reconocer que no he escuchado nada de Textures ni de Unprocessed. Me he pasado las últimas dos semanas intentando escucharme todos los discos de Jinjer, y casi no he tenido tiempo.
 
En algún momento, escucho a alguien diciendo que unos son de Suecia y los otros de Alemania. ¿Será verdad?
 
(En realidad, Textures es de Países Bajos)
 
Por fin empieza el concierto. La música de fondo cesa. Me levanto, expectante. La gente, entusiasmada, aclama a los músicos, que hacen su aparición desde las sombras.
 
Textures viene con potencia, un ritmo más bien constante y riffs energéticos. El teclado favorece esta especie de aura de poder que desprenden. El cantante, con su voz rasgada y sus guturales, expresa muy bien este sentimiento que define a la banda. Una especie de mezcla entre metalcore y un poco de power metal.
 
Me sorprenden para bien.
 
Al principio, parece que la gente tarda un poco en calentarse. Sin embargo, en apenas dos canciones, todo el mundo se anima.

La banda TEXTURES tocando en directo en la Sala Wagon / Lab Club Madrid

Tal y como comprobé más tarde, la banda tocó canciones de su último disco, Genotype, y algún clásico, por lo que pude deducir de las reacciones de la gente.
 
Tras 45 minutos de actuación, sin contratiempos y dejándonos con ganas de más, los músicos, por desgracia, se tienen que despedir. Tras dar las gracias y desearnos una buena velada con Unprocessed y Jinjer, se marchan.
 
Vuelvo a sentarme sobre la barra y aprovecho para dormitar un poco. Entre el murmullo, no puedo evitar escuchar a la pareja que está a mi lado, expresando su contento sobre la actuación. Al mismo tiempo, me sorprendo del cuchicheo constante de los melenudos que siguen a mi derecha.
 
Mientras los de Textures apartan sus bártulos y la pequeña batería que han utilizado (en la esquina de la derecha del escenario), aparecen los técnicos de Unprocessed y empiezan a hacer lo suyo.


En un momento dado, aparece un técnico que se pone a probar los tres micros: “Chek: one, two”, repite; “Check: one, two.” La gente empieza a aclamarle y a aplaudir, pero él sigue a lo suyo. Nos echamos unas risas.
 
Vuelve a pasar algo parecido cuando un tipo empieza a probar la batería (en el centro, bajo la batería de Jinjer, que está en un alto y cubierta por una sábana). Lo curioso es que este tipo no era un cualquiera, sino el batería de Unprocessed, solo que nadie lo reconoció.
 
Tras algunas pruebas más, se hace el silencio de nuevo. Me levanto. La oscuridad no dura mucho.
 
De entre una amalgama de sonidos electrónicos y voces digitalizadas, aparecen los cuatro chavales de Unprocessed, destruyéndonos con su brutalidad sin paliativos.
 
Por un momento, no sé qué está pasando. Solo sé que es algo extraño y que mi cerebro aún está procesando si le gusta o no.
 
Tras varias canciones, soy capaz de confirmar que me gusta y que… ¡son buenos! Son muy buenos. Tienen una frescura peculiar, una combinación entre metalcore bestial, melodías suaves, sentimentales, y ese toque electrónico alemán que es marca de la casa.
 
No puedo dejar de observar al bajista y al cantante principal, que se intercalan para hacer las voces limpias, esos guturales descarnados y hasta el rapeo.
 
Me quedo sin palabras.

La banda UNPROCESSED tocando en directo en la Sala Wagon / Lab Club Madrid

Según parece, tocaron su nuevo disco, Angel, casi entero.
 
En la última canción, el bajista estaba a punto de cantar unas estrofas en gutural cuando, de repente, el micrófono se le dio la vuelta y quedó colgando. Entre risas, intentó colocarlo, pero ya se le había pasado el momento de gloria.
 
Durante estos 60 minutos de destrucción sonora, me sorprendió ver que las chicas y los melenudos que estaban a mi derecha seguían de cotorreo, sin prestar ni la más mínima atención a la actuación.
 
A eso de las 20:00, los de Unprocessed se tienen que despedir. Nos dan las gracias por apoyar la música en directo y nos desean una grata velada con Jinjer, sin olvidarse de mandar un saludo a sus amigos de Textures.
 
Tomo asiento en la barra de aluminio, medio molido, preguntándome cómo sobreviviré a Jinjer.
 
Empiezo a dormitar otra vez, pero no puedo evitar fijarme en que varios cabezudos y un gigante se empiezan a aproximar a mi campo de visión.
 
Estoy en una posición privilegiada, ya que la estructura de aluminio se encuentra en un escalón; la zona directamente anterior al escenario está más baja. Sin embargo, las cabezas empiezan a apelotonarse justo delante de mí.
 
Uno de los cabezudos, un tipo con gorra, se da la vuelta y se acerca hasta la barra. Por un momento, pienso que se va a marchar, pero no: solo ha venido a dejarme su vaso vacío al lado, como si esto fuera una papelera.
 
El gigante se acerca cada vez más, hasta que, predestinadamente, se pone justo delante de mí. Intento no irritarme demasiado.
 
La chica de la pareja se acerca para sentarse. Le hago un poco de sitio. Me da las gracias.
 
A las 20:15, como estaba previsto, se hace la oscuridad una vez más.

La banda JINJER tocando en directo en la Sala Wagon / Lab Club Madrid

Me pongo en pie, comprobando que veo medianamente bien. Entonces, con toda su envergadura, el gigante me mira y dice “lo siento, tío” para, acto seguido, subirse al escalón, oscureciendo el mundo.
 
Evidentemente, no solo me molestaba a mí, sino a todos los seres humanos que había detrás. No le dije nada, porque no quería discutir, pero me puse de mal humor.
 
El concierto comenzó con Duél. Mientras tanto, yo intentaba buscar una nueva posición para poder ver algo. Esta situación me ponía de los nervios por momentos. La chica de mi izquierda, que tampoco veía, se acabó levantando y se fue más a la izquierda, con su novio. Poco a poco, conseguí encontrar un hueco entre las cabezas: a través de este ventanuco vi a Jinjer.

En algún momento, un vaso sale rodando por el suelo y acaba entre mis pies.
 
Creo que no hace falta que explique la calidad musical de Jinjer. Solo diré que su mezcla de groove progresivo y djent en directo es perfecta, igual que en disco o mejor. Los músicos son increíbles. Y Tatiana, con su vozarrón, no necesita presentación ninguna.

La banda JINJER tocando en directo en la Sala Wagon / Lab Club Madrid

Tatiana, sí, pobrecilla: se pasó el concierto entero con un fallo en el audífono, solicitando infructuosamente a los técnicos que lo arreglaran; y, aun así, cantó impecablemente.
 
La mayor parte de las canciones que tocaron fueron de Duél, su último disco. También tocaron varios temas de Kingof Everything, y cayeron algunos de MicroMacro.
 
Al final del concierto, entre tema y tema, Tatiana, medio ahogándose, dijo “Estoy muy cansada”, entre risas. No me extraña que estuviera cansada; a mí ya me dolía todo el cuerpo.
 
El bis fue Sit Stay Roll Over.
 
Tras dejarnos completamente destruidos, se despidió de nosotros: “¡Disfrutad de vuestras vidas!”
 
Tú también, Tatiana, tú también.
 
Con los oídos muertos, la mente plana y el cuerpo que no me respondía, empecé a moverme entre el gentío, buscando la salida.
 
La lluvia había amainado, pero hacía un frío que pelaba.
 
Mientras deambulaba por el Chamartín nocturno, de camino a la estación, empecé a procesar lo que había vivido.
 
Y me quedo con un único sentimiento: mereció la pena.


Firma:
Sangue Shi
Redactor Jefe de la Revista Loto Negro
Editor Jefe de Sangue Shi Ediciones
Administrador de ACE Post-Sexuality

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