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Demonolatría: el Culto al Demonio (Lithkasha, 2026)

«El demonio no es tan negro como es pintado...»
—Dante Alighieri, La Divina Comedia.


Aunque parezca que rendirle culto a los demonios es moderno, realmente es algo que se hace desde hace cientos de años, era algo que se hacía en la intimidad. Así que, empezando por el principio, ¿qué es la demonolatría? Es el culto que se le rinde al diablo o, de una forma más moderna, son los cultos a los demonios, esos espíritus sobrenaturales que no son considerados dioses. Aunque en la demonolatría moderna no siempre se rinde culto al Diablo, muchos sistemas lo rechazan. Esto lo deja bien claro Connolly en su libro Modern Demonolatry: “Es el culto que se le rinde a los demonios, y en algunos sistemas al Diablo…”. Estos cultos son una práctica mágico-religiosa que a día de hoy gana adeptos como cualquier religión, incluso algunos lo toman como un estilo de vida. 

En la actualidad existen dos visiones sobre los demonios dentro de la demonolatría: están aquellos que creen que estas entidades son reales, les rinden culto, los idolatran y los utilizan para conseguir cosas en el mundo terrenal y, después, están los que creen que los demonios son manifestaciones o encarnaciones de alguna emoción y que las utilizan como desarrollo para su evolución personal o espiritual, pero que sea como sea, son inteligencias de gran conocimiento con las que trabajar, ya sea de forma mental o ritual. La demonolatría no todos la consideran una religión (aunque para algunos autores sí lo es, Connolly incluida), sino más bien es un tipo de práctica mágica basada en nuestras creencias personales. Demonología y demonolatría no es lo mismo: una es el estudio de los demonios y la otra es la adoración a esos demonios. Hoy en día tenemos, entre comillas, la libertad para realizar este tipo de cultos en algunos países, aunque hubo un tiempo en que se ejercía de forma secreta. 

Si tenemos en cuenta que lo que conocemos como demonios son antiguos dioses paganos o espíritus sobrenaturales, debemos comenzar muy atrás en el tiempo, como por ejemplo en Egipto, en el tiempo pasado en el que el dios de la sabiduría Dyehuty, más conocido por su nombre griego Thot, que más tarde se le conocería como Hermes en Greccia y en Roma como Mercurio, era el mensajero de los dioses. Se cuenta que en el templo de la Diosa Neith había unas salas donde se guardaban registros históricos en papiro que databan de 9000 años. Estos papiros, considerados sagrados, contenían información sobre las antiguas tradiciones y los secretos de los sacerdotes egipcios. El autor de estos papiros y a quien se hace referencia en su autoría es el propio dios Thot. Los papiros llamados “la hermética o la literatura hermética” son una composición de papiros con hechizos y procedimientos mágicos con la intención de atrapar espíritus, daimones o inteligencias divinas en estatuas mediante elementos como piedras, hierbas y esencias.


La intención de mantenerlos encerrados en estatuas era para que estas entidades o divinidades pudieran hablarles, aconsejarles o profetizar el futuro en general. La hermética resurge en la Edad Media, donde alquimia, magia, astrología y quehaceres místicos están en auge; de aquí surge la filosofía hermética o hermetismo. En la era moderna se cree que en estos papiros se esconde un conocimiento oculto que aún no ha sido desvelado, pero lo que sí sabemos es que el dios Thot puede considerarse una base simbólica para la demonolatría actual y sus prácticas mágicas. Después se sumaron a esta práctica de capturar las almas de espíritus, demonios o divinidades en estatuas tradiciones como la griega o la romana que, junto con las prácticas de cananeos, amorreos y otras sectas antiguas, fueron la pieza fundamental para la demonolatría que ha llegado a nuestro tiempo.

Sobre el año 2500 a.C., los amorritas, el pueblo que vivía en la región al oeste del río Éufrates, adoraban a la divinidad de la fertilidad y la tormenta Baal-Berith, que no es otro que el dios Baal, el que era adorado por semitas y cananeos. Baal en la antigüedad fue un espíritu de la fertilidad y la fecundidad, de la abundancia y protector del ganado. Como fue tan venerado porque proveía lo que la gente necesitaba, pasó a ser uno de los dioses antiguos más poderosos e importantes, y esto dio pie para convertirlo en un demonio. Terminó siendo lo que realmente no era, al igual que Lilith y muchos otros dioses o espíritus de la naturaleza, se le llamó el falso Dios y también se le apodó como el que “come niños”.

De hecho, en el Antiguo Testamento dice que su culto desvía a Israel del verdadero Dios. Así que, como muchos otros dioses de la historia y en grimorios medievales como el Ars Goetia o el Pseudomonarchia Daemonum, se le convierte en un rey del infierno, se le da el poder en oriente y es conocido como Bael o Belcebú. Los escritores medievales de la Inquisición eliminaron todo lo bueno que tenía para dejar el aspecto maligno y grotesco que se habían inventado, porque lo de comer niños no fue Baal, sino una acusación transferida y amplificada desde otros mitos como el de Cronos. La imagen popular de Baal como “come niños” proviene en gran parte de relatos griegos, romanos y bíblicos que describen prácticas púnicas en Cartago. No hay evidencia directa en textos antiguos cananeos que Baal pidiera sacrificar niños La evidencia arqueológica muestra enterramientos infantiles junto a ofrendas votivas en los llamados tophets (estelas votivas dedicadas a dioses como Tanit y Baal-Hammon), pero los investigadores debaten si esto refleja sacrificios rituales o cementerios especializados para niños fallecidos por muerte súbita o natural en aquella época y la presencia de animales si que reflejan prácticas más complejas de culto o de memorialización familiar, no necesariamente sacrificio humano. Por tanto, la idea de que los cuerpos infantiles de esos sitios eran ofrendas literalizadas a Baal es controvertida y no está firmemente establecida como hecho histórico. Reptio, no hay pruebas claras en textos religiosos originales de Canaán que Baal exigiera sacrificios infantiles como norma del culto. Esto se puede ver en el análisis antropológico y arqueológico moderno sobre el Tophet de Cartago.

En 1928, se hace un hallazgo en la antigua ciudad de Ugarit, actualmente llamada Ras Shamra en Siria, donde se encuentra la entrada a una Necrópolis con bibliotecas privadas y noventa habitaciones de lo que fue un Palacio Real; allí aparecen una gran cantidad de textos en tablillas que hablan de los tiempos sumerios que lo registraban todo, incluso se encontraron textos en otros idiomas (acadio, sumerio, chipriota, hurrita e incluso egipcio con su escritura jeroglífica). Algunos de estos textos se datan del 1400 a. C. y en ellos hay recogidos rituales que se les hacían a estas deidades como Baal. Pero no es hasta que el cristianismo se impone por el mundo cuando dioses paganos de las antiguas tradiciones se convierten en demonios reales y la demonolatría, que era algo habitual, se oculta y pasa al anonimato. A partir de aquí, veremos la lucha que mantendrán los humanos por dominar a los demonios.

Entre los siglos III y V d. C. aparece el Testamento de Salomón, escrito en griego, unos 1500 años después de la vida de Salomón, que cuenta las aventuras e historias que vivió el que fuera hijo del rey David. Fue un personaje muy importante dentro de la época cristiana primitiva y los eruditos creen que todas estas historias son ficticias. Aparentemente, es una especie de carta o confesión en su lecho de muerte y en él se cuenta la historia de cómo, invocando ángeles con técnicas mágicas, se puede contrarrestar el poder de los demonios. Una de las historias de este libro es la de cómo el arcángel Miguel le da al rey Salomón un anillo mágico que le ayudará a dominar a los demonios para construir el Templo de Jerusalén; con este anillo los interroga y aprende de ellos para saber cómo poder derrotarlos. Tiene una mezcla de ideas espirituales cristianas, egipcias y griegas, por eso nunca se tomó en serio este libro, que también contiene hechizos, astrología, alquimia y medicina.


Algunos dicen que es el testamento apócrifo menos conocido del Antiguo Testamento y que nunca llegó a traducirse al castellano, incluso las notas que tiene a pie de página descifran información oculta que tiene paralelismos conceptuales con textos judíos antiguos como los rollos del mar Muerto (aunque no hay vínculo directo textual demostrado). Esas notas, junto con la información que se encontraba en la biblioteca gnóstica de Nag Hammadi y los manuscritos esotéricos de la época, impulsaron la aparición de las “Clavículas de Salomón”, donde magos, hechiceros y alquimistas medievales dieron nacimiento a nuevas doctrinas que asentaron las bases de la angelología y la demonología moderna. De aquí surgirá la jerarquía demoníaca de donde salen todos los grimorios goéticos más modernos.

De las historias del Rey Salomón pasamos a 1119-1188 d. C., la época de la antigua orden militar de los Caballeros Templarios y su adoración por Baphomet, un dios pagano de la fertilidad que era asociado a la reproducción. (Baphomet no fue identificado claramente como dios de fertilidad en ninguna de las fuentes medievales conocidas, sino más bien como una figura idolátrica de naturaleza incierta como podemos ver en “The Trial of the Templars - de Malcolm Barber”). Baphomet estaba representado por un carnero que en la antigüedad sí era símbolo de la fecundidad.

Los miembros de la orden supuestamente adoraban a esta deidad y le rezaban; algunos de ellos creían que este ídolo tenía poderes talismánicos y, cuando fueron perseguidos y torturados, algunos de ellos llegaron a decir que tenían relaciones sexuales íntimas, lo que llevó a la iglesia a acusarlos de venerar a falsos ídolos, practicar la herejía y también la sodomía. Realmente, todo esto fue un invento de la iglesia y el rey Felipe IV de Francia, que, junto con el Papa Clemente V, iniciaron una pugna por los bienes templarios. El papa Clemente V fue el encargado de que el mundo se enterara de la traición con sus falsas creencias como adoradores del demonio. Según el libro de Stephanie Connolly “Moderna Demonolatría”, la historia de los Caballeros Templarios fue un rumor del Rey Felipe IV de Francia para eliminar la orden porque habían adquirido mucha riqueza; la orden llegó a ser más poderosa que incluso la “Secta de Lemann de 1249”, según tradiciones modernas.

En 1312 aparece el grimorio de la familia Delaney que contiene fuertes influencias cristianas, donde se puede encontrar una de las primeras jerarquías demoníacas con nueve entidades que hacen correspondencia a los elementos y las polaridades energéticas de la vida. Sobre el siglo XIV-XV también encontramos las “Clavículas de Salomón” que más tarde llevaron a la creación de la Llave menor del Rey Salomón. Las Clavículas fue un libro importante en el que alquimistas y cabalistas fueron influenciados. Hoy en día estos libros que nos han llegado no son los antiguos porque después se publicaron versiones posteriores como la de “la Llave Mayor del Rey Salomón” escrito por McGregor Matters y en 1914 L.W. de Laurence, aprovechando los estudios de Matters y gracias a sus conocimientos del esoterismo oriental, editó otra versión alternativa.

En 1487 el inquisidor y teólogo Jean Vineti llegó a publicar de forma póstuma “Tractatus Contra Daemonum Invocatores”, que se traduce como el Tratado contra los invocadores de demonios. Un libro de demonología que se enfoca en la invocación del diablo y cómo interactúa con las brujas para ver qué poderes adquieren tras los pactos. También tiene muchísimos exorcismos contra demonios en los que se dice que su eficacia ha sido aprobada. A partir de aquí se verán muchísimos libros sobre demonología que contienen toda la información necesaria para trabajar con ellos e idolatrarlos, surgiendo la demonolatría moderna. En 1519 aparece el Libro Negro de Thoman Buchan, donde se analiza a los Templarios como una secta que adora al demonio, donde dice: "Si bien los Templarios no son de nuestra familia, los trataremos como tales y presentaremos nuestros respetos a Baphomet en sus templos sagrados" (pág. 90 - tomo 2).


Del 1589-1863 dC se consolida la iconografía moderna del diablo cristiano y se crean esas jerarquías de demonios con nombres de antiguos dioses paganos, es cuando se ven en varios grimorios familiares de Richard Dukante los primeros enn demoníacos y sus sellos para invocarlos. Tengo que reconocer que por más que he buscado no he encontrado nada sobre este señor y ni sobre la demonolatría de su familia, muchas fuentes dicen que posiblemente el nombre de Dukante es un seudónimo para seguir manteniendo la identidad oculta de esta familia. En 1963, Dukante presentó la jerarquía completa donde se puede encontrar a Lilith por primera vez formando parte de los grandes del infierno. Hemos de pensar que la demonolatría es un culto que mezcla religión y magia ceremonial, que lo mismo que hay demonios para el amor y la sanación, también los hay para dañar o la destrucción.

Tan importante fue el tema de la demonolatría que existen muchísimos grimorios sobre cómo trabajar no solo con demonios, sino con una gran cantidad de espíritus y entidades. Algunos interesantes cómo el “Grimorium Verum” o más conocido como el grimorio de la verdad, escrito siguiendo la doctrina del Rey Salomón en 1517 y atribuido a Alibeck el Egipcio. El “Gran Grimorio” de 1521 también conocido como “El Dragón Rojo” o “El Evangelio de Satán”, escrito por Honorio de Tebas y que según cuenta la leyenda, estaba poseído por Satanás. También se dice que este grimorio fue escrito en 1702 por Antonio Venitiana del Rabina que fue quien recopiló la información original de los textos de Salomón. Incluso Eliphas Levi consideraba este grimorio como el más antiguo de todos.

En 1563 aparece el tratado sobre demonología “Praestigiis Daemonum”, escrito por el médico y ocultista holandés Johann Weyer quien fue discípulo de Cornelio Agrippa. Su título completo es “De Praestigiis Daemonum et Incantationibus ac Venificiis, que significa: “Sobre las trampas de los demonios, sus ilusiones y venenos”. En él se analizan las experiencias de los adoradores de demonios e incluso cosas de brujas, lo que Weyer cree que es una invención y que todo el dominio de las artes negras es para engañar al resto del mundo.

Lo que sí tiene es un extenso censo sobre demonios creando un gran diccionario y de este diccionario demonológico es de donde después surgiría el “Pseudomonarchia Daemonum” que se publicó en 1577. Si traducimos el título realmente significa “La Falsa-monarquía de los demonios”, aquí ya se contemplan los rangos que tienen dentro de las altas jerarquías del infierno, se nombra a los 7 principales e incluye los días, horas y rituales que se pueden hacer para poder conjurarlos. Un libro de oficios para los espíritus y que muestra quién manda o está en la parte más alta de la jerarquía y qué rol cumple cada uno de ellos.

Entre medias de esos dos grimorios, se publica en Suiza en 1575 “Arbatel de Magia Veterum”, que se traduce al español como Arbatel, la Magia de los Antiguos, un grimorio que habla de los siete Espíritus Olímpicos que podían verse como ángeles, eran deidades intermediarias o, como ya recalcaban anteriormente, eran los que intercedían entre dioses y humanos. En 1595, en Francia, “Daemonolatreiae Libri Tres”, en español Demonolatría de Nicolás Remy, un inquisidor francés que, a pesar de que estaba considerado como un grimorio de demonología, incluyó un estudio sobre demonios y los atributos de estas criaturas para engañar a los cristianos, creando de esta forma un escrito bastante interesante que se puede utilizar hoy para la demonolatría moderna. En 1760 encontramos el “Gran Grimorio del Papa Honorio”, el único que fue escrito y diseñado para ser utilizado por un sacerdote. Un libro de conjuros para invocar espíritus según la astrología y, evidentemente, controlar a los demonios de forma apostólica. A finales del siglo XVIII tenemos “La Gallina Negra”, a finales del siglo XX “El libro de Azariah”, en el siglo XXI “El Libro de Azrael” y así llegamos a los autores más relevantes de nuestra época.

Sobre demonología y demonolatría hay muchísimos libros. Los más modernos que podemos encontrar con más facilidad son los autores más relevantes del sendero siniestro, como la goetia luciferina de Michael W. Ford, los libros sobre demonolatría de Stephany Connolly, la goetia ilustrada por Aleister Crowley, la magia goética de Karlsson, las clavículas mayor y menor de Kerr, la moderna goetia de Rufus Opus y algunos más que deambulan por internet. Lo que a mi parecer hay que entender de la adoración o el culto al demonio es que el ser humano es quien decide creer si estas entidades son reales o no.

Los humanos los categorizamos como fuerzas elementales, primigenias, oscuras y caóticas, les dimos vida propia para que pudieran ayudarnos a descubrir la sabiduría oculta, para que nos acompañaran en nuestro crecimiento personal y espiritual, para que nos ayudaran en nuestros trabajos mágicos e incluso para que nos protegieran, algo que llevan haciendo desde la antigüedad. No hay distinción entre trabajar con un Dios o un Demonio porque la etiqueta se la ponemos nosotros. A los demonios se los define e identifica por los atributos que les hemos dado, al igual que a los Dioses. Al principio simplemente eran espíritus elementales que han ido cogiendo forma, se les dieron atributos humanos para parecernos a ellos y, cuando nos sentimos reflejados por un demonio, estamos mostrando nuestra naturaleza interior, esa naturaleza oscura que nadie desea aceptar.

La demonolatría es una práctica que perdura con el paso del tiempo. Dioses de religiones precristianas que, bajo otro nombre y atributos, se han mantenido vivos gracias a nuestras creencias. Puede que en este punto te sientas demonólatra, puede que seas teísta o tal vez ateísta, puede que creas en estos demonios como seres sobrenaturales vivos o simplemente creas que son nuestras propias energías proyectadas. Cada persona escoge con qué demonio quiere tratar y con cual se siente más reflejado (al igual que los antiguos hacían con los dioses), porque para ser demonólatra y trabajar con ellos hay que llegar a ellos desde el respeto, necesitan su adoración y sus ofrendas rituales.

Por otra parte, si crees que los demonios se pueden controlar, puedes dominarlos en contra de su voluntad (como hacía Salomón con su anillo) y puedes desterrarlos cuando quieras, es que no tienes ni idea de demonolatría, porque la práctica antigua es muy distinta a lo que conocemos hoy. No se les pide nada como se les hace a los dioses, sino que se crea una especie de vínculo o relación para sacar el mayor partido a esos atributos que tienen. Ese vínculo no nace de la imposición ni del sometimiento, sino de un reconocimiento mutuo entre dos fuerzas conscientes. Nosotros nunca estaremos por encima de esa entidad, no trataremos de esclavizarla, sino aceptarla como un igual. Hay que dejar a un lado ese mando y esa obediencia ciega que son conceptos heredados tanto de las religiones monoteístas como de la magia ceremonial salomónica. Nunca se debería trabajar con estas entidades desde el miedo, la amenaza o la coacción, más bien desde esa afinidad energética que sentimos, desde el respeto y teniendo en cuenta que ellos no están a nuestro servicio, simplemente colaboran cuando hay una resonancia real.

El demonio no es un sirviente, tampoco un enemigo al que hay que someter. Hay que establecer una relación gradual, que se construye con el tiempo y la práctica. Lo que se busca es la apertura consciente, la exaltación de la energía de la entidad y la integración de sus atributos en el trabajo mágico y espiritual del practicante. No se trata de pedir favores ni de exigir resultados inmediatos, sino de aprender, absorber y canalizar aquellas fuerzas que representan aspectos primordiales de la naturaleza, de la psique y del universo.

Desde esta perspectiva, el trabajo demonolátrico es un camino de transformación personal, donde el practicante se enfrenta a su propia sombra, a sus miedos y a sus deseos más profundos. El demonio actúa como espejo, como catalizador de procesos internos, y no como una figura externa a la que se le delega la responsabilidad de los actos propios. Por eso, quien se acerca a estas entidades buscando poder rápido, control o dominación, tarde o temprano descubre que la demonolatría no es un juego ni una vía de evasión, sino un sendero exigente que requiere honestidad, compromiso y autoconocimiento.

En algunas corrientes modernas no se crea un círculo de protección, se enaltece la energía que proyecta esa entidad que vamos a conjurar, se entregan sacrificios de nuestra sangre de forma responsable como ofrenda y vínculo con esa entidad, no se sacrifican animales, no se le hace daño a nadie, no se juzga a estas entidades por su naturaleza, no contempla la creencia del infierno y rechaza cualquier idea cristiana o que represente una religión monoteísta. Hemos de tener en cuenta que todo lo que nos ha llegado a nuestro tiempo está todo muy manipulado y corrupto, que hubo unos señores que se encargaron de desprestigiar estos espíritus antiguos, los despojaron de sus verdaderos atributos, se les dio una connotación negativa, un aspecto monstruoso, los clasificaron en jerarquías como si fueran productos de supermercado que se puedan contabilizar y dándole importancia a unos más que a otros dependiendo la época.

En los años que llevo investigando sobre estas entidades sobrenaturales, no encontré que ningún escrito mencionara el equivalente de Lucifer en Mesopotamia, por ejemplo, que es de donde provienen los primeros demonios que sepamos, porque realmente Lucifer era un ángel, por lo que no aparece en la lista medieval de demonios bíblicos. Todo esto es a raíz de las tradiciones abrahámicas, de la falsedad de ensuciar su imagen. Ya lo dijo Blavatsky: "La iglesia le da ahora la denominación de Diablo como 'tinieblas', porque el primer Arcángel que surgió de las profundidades del Caos fue llamado Lux (Lucifer), el luminoso 'Hijo de la Mañana' o Aurora Manvantárica, mientras que en el Libro de Job, se le llama 'Hijo de Dios', la brillante Estrella Matutina, Lucifer". Por lo tanto, sabiendo todo esto y lo mencionado en la primera parte, no tiene sentido ni las jerarquías de poder, que es un invento de los humanos, ni la connotación maligna que se les ha dado, porque aunque no queramos, siguen siendo esos seres o espíritus antiguos que se utilizaban para los propósitos del día a día y su protección.


Aparentemente, las jerarquías espirituales siempre han intervenido en el desarrollo del hombre durante mucho tiempo, pero hay que reconocer que clasificar a los demonios según rango, rol, atributos y poderes es limitar la naturaleza real que tienen estos espíritus. Cada época pasada ha tenido sus espíritus o entidades, cada tradición del mundo les ha dado un aspecto y unos atributos diferentes, pero teniendo en cuenta que existen desde el principio de los tiempos, realmente siempre ayudaron a la humanidad a evolucionar. Lo vemos en la propia historia de Lucifer o de la serpiente del Jardín del Edén. Lucifer era un ángel que gozaba de libre albedrío: Dios no creó a Lucifer como el diablo; lo creó bueno (Génesis 1:31). Supuestamente, era bueno hasta que cayó; en Timoteo 1:20 y Corintios 5:5 dice: "Dios puede utilizar las malas acciones de Satanás para llevar a cabo su plan santo". Por lo tanto, Dios permitió esa rebelión y la propagación de los pecados en la Tierra, de hecho, sabía que iba a ser traicionado.

La historia de Lucifer cuenta que le gustaba observar la creación de Dios en la Tierra, ver cómo descubrían cosas nuevas y sobrevivían sin ayuda de su padre. Se convirtió en el causante de todos los males cuando fue desterrado, el incitador al lado oscuro y el adversario de Dios. Pero hazte una pregunta, ¿siempre fue así? No, porque no se le menciona como maligno ni en la Biblia hebrea ni en el Antiguo Testamento, pero sí se le denomina en el libro de Job como Ha-Satán, el adversario (o el opositor) y la misma palabra Satanás hace referencia a alguien que te pone trabas en el camino, no se menciona como una entidad.

Por ejemplo, en el 539 a.C., Ciro el Grande permitió que los judíos regresaran a Jerusalén y se llevaron elementos de la religión persa que se fusionaron con la personificación del caos y de Ha-Satán; esto derivó en asignar los males de sus vidas a Satán en vez de a Dios. Pero Lucifer simplemente se volvió popular en la Edad Media por un error de traducción; en Isaías 14 hay una polémica que habla del rey de Babilonia. Isaías critica al rey, que se había nombrado a sí mismo como "lucero del amanecer" por su arrogancia de pensar que era un ser divino, y le dijo: "¡Cómo has caído del cielo, estrella de la mañana, hijo del alba!".

Cuando Jerónimo tradujo las escrituras hebreas al latín en el siglo IV d.C., sabía que los romanos llamaban a su estrella de la mañana (el planeta Venus) Lucifer, así que tradujo ese pasaje concreto como tal, dándole al ángel caído ese nombre, y es aquí donde alcanza popularidad su nombre. Sé que puedo tener una idea preconcebida sobre demonios, demonología y demonolatría, pero los humanos pecamos al darles una personalidad que no les corresponde. Adversarios hay muchos, más de los que podamos imaginar: Lucifer, Samael, Ahriman, Mefistófeles, etc. Todos reconocidos como Satán en la Edad Media.

En muchas ocasiones he llegado a pensar que son tantas las transformaciones que han sufrido, que realmente ya no puedes saber si realmente estás invocando a ese antiguo espíritu ancestral o estás llamando a un egregor creado por la adoración de miles de personas en la actualidad. Se les ha dado tantas formas que realmente su imagen está distorsionada, lo que nos puede parecer a día de hoy malo o peligroso, simplemente en la antigüedad era su naturaleza primordial, una naturaleza mancillada por hombres retrógrados medievales que impusieron su moral eclesiástica y que se extrapoló a estas entidades o espíritus haciendo cambiar las creencias, haciendo cambiar el curso de la historia a su antojo.

Los demonios siempre estuvieron ligados a la brujería y la hechicería desde épocas prehistóricas, donde creían que cuando ocurrían cosas malas o desgracias es porque los espíritus estaban enfadados y había que apaciguarlos. Simplemente, estos espíritus eran la personificación de las fuerzas de la naturaleza que están en todas las culturas y sus mitologías, como los muertos, los elementales o el animismo. Los pueblos primitivos no entendían de ángeles o demonios, solo de espíritus, pero a medida que la humanidad se fue modernizando llegaron todas estas figuras que hoy se representan en estos libros de demonología y demonolatría. 

Asirios y acadios creían que bajo los Dioses había una especie de tropas de seres espirituales, algunos buenos y otros malos. Esto está escrito en “tres libros” (tablillas de arcilla) en cuneiforme; uno de los libros habla de los espíritus malignos llamados Kullulu, que significa malvado o maldito; Limuttu, que significa pernicioso; o Udukku, que simplemente significa espíritu. Para los iraníes, y presentado en el libro sagrado madeana de Zoroastro, en el Avesta nos encontramos con Angra Mainyu, más conocido por Ahriman.

Para los judíos hay una gran lista como Samael, la serpiente del Edén; Lilith representada como Lamia; o Asmodeo. Para los primeros cristianos, Lucifer y todos los que cayeron con él. En época medieval, todo lo que se salía de las creencias de la iglesia era demoníaco y, en épocas más modernas, después de que el ocultismo hubiera renacido de nuevo, tenemos la oportunidad de poder estudiar todos estos espíritus y criaturas que una vez fueron tachadas de malignas. Por lo tanto, solo puedo decir que tú eres quien decide creer o no en estos espíritus primordiales de la naturaleza. Tú decides si realmente son de verdad o no, si son buenos o no son buenos, si te pueden ayudar o entorpecer. Yo lo tengo muy claro y sigo llamando a esos espíritus caóticos primordiales que son los que verdaderamente me contestan cuando se les convoca y que son una gran fuente de información.


En el caso de Lilith es una de las entidades o espíritus que mayor transformación ha tenido en la historia y la entidad o espíritu que más atributos malignos ha recibido. Partiendo de la base que la Lilith Sumeria y la Lilith judía no son las mismas, apareciendo por primera vez en la Epopeya de Gilgamesh y la traducción de este poema habla de un demonio llamado Lilitu, pero cuando el poema es traducido dice que en medio de ese árbol, la doncella Lilit construyó su casa, porque el femenino de Lilitu se traduce directamente como la doncella Lilit y comparte la misma raíz (LYL-Layil) que significa "noche". Lilith era un espíritu del viento o demonio femenino y Kramer tradujo la tablilla XII donde menciona que ki-sikil-lil-la-ke es Lilith. ki-sikil-lil-la-ke se asocia con una serpiente y el ave Zu, por lo que no está muy claro si estos tres personajes de la epopeya conforman la misma entidad, es una teoría que está en desarrollo, pero lo que sí sabemos es que en él en el Diccionario de Deidades y Demonios de la Biblia (1999) se identifica a ki-sikil-lil-la-ke como Lilith. Si traducimos el nombre nos encontramos que ki-sikil hace referencia a un "lugar sagrado", lil a "espíritu" y lil-la-ke se traduce como "espíritu acuático", el espíritu de las aguas posiblemente primordiales.

En la antigüedad tardía encontramos una historia madea donde Lilith representa un árbol lleno de ramas haciendo alusión a la fuente de la vida de la naturaleza y el crecimiento (Gaia o Axis Mundi) y en sus ramas hay personajes demoníacos, múltiples Lilims, lo que quiere decir que de sus ramas surge su descendencia y con personajes demoníacos nos referimos a esos espíritus de la naturaleza, por lo que se sigue investigando si realmente era un demonio de verdad, era una Diosa Oscura o una energía primordial de la naturaleza. Lo que sí hemos de tener claro es que ella está relacionada con la brujería sumeria, ya que en la epopeya habla de la serpiente que no conoce reposo o no puede ser hechizada. Es muy curioso porque si nos fijamos en el poema de la creación sumerio nos habla de que los dioses emergieron de un mar infinito y abismal; y, en el seno de este caos primigenio, “Lilith” en sumerio, cuyo nombre significa Espíritu, o aliento (y según las interpretaciones modernas de Graves y Patai, 1986: 8), era la diosa encargada de guardar las puertas que separaban el plano espiritual del terrenal.

Lilith es la transmutadora de la materia, la conductora del alma; y así, como guía del alma del ser humano hacia la sabiduría y la inmortalidad, se la representó como una bella mujer alada, llevando los anillos de Shem y el báculo de poder para demostrar que, cruzando el inframundo, Lilith había llegado hasta la inmortalidad y alcanzado la sabiduría del Árbol del Conocimiento. Y toda la historia de Inanna y el árbol huluppu, la interpretación que tiene, indica que el culto a Inanna es posterior a Lilith, por eso Inanna, al echar a Lilith del árbol, indica que desaloja o destruye el culto a esta Diosa antigua o espíritu que emergió de las aguas primordiales, porque Lilith abarcaba los tres planos del universo: el inframundo, como serpiente; la tierra, como mujer; y el cielo, como ave. Una vez desterrada, Lilith sobrevive como deidad menor, demonio femenino, espíritu del inframundo relacionado con la oscuridad y con la hechicería; pero, al mismo tiempo, con las características físicas de la propia Inanna, además de sus atribuciones como deidad de la fertilidad, como la Diosa Anath.

Los escritos antiguos se han de coger con pinzas para poder descifrar lo que realmente quisieron plasmar en esa época. De su destierro en Sumeria, da un salto a las tradiciones judías. En el Génesis 1:27 podemos ver una alusión a que ella fue la primera mujer antes que Eva, pero claro, esto proviene de la tradición rabínica y apócrifa, no de la Biblia canónica, porque después rectifican que, en la creación, Eva es la primera mujer creada a partir de la costilla de Adán para ser su ayuda idónea, según Génesis 2:18-22. Aunque en la primera parte no se menciona a Lilith, sí se la menciona en el Alfabeto de Ben Sira como primera esposa. Se cree que es una obra satírica para entretener a los judíos de la época y que se da por fidedigna. Así sigue su historia hasta el día de hoy, donde es adorada como Diosa Oscura o Demonio Femenino, la que abre las puertas al Sitra Ahra, pero la que fuera Lilith en realidad, al principio de los tiempos, queda opacada por la nueva oleada de gente siniestra que solo idolatra a un egregor que ha ido cogiendo forma desde la Edad Media y, en una época moderna, dándole el título de la que representa al feminismo, cuando su verdadero poder está en crear nuevas estructuras y mostrar el conocimiento a aquellos que realmente lo buscan.

La demonolatría no es algo malvado o siniestro, adorar a estas entidades es homenajear a todos estos dioses paganos, entidades y espíritus primigenios que fueron borrados de la historia porque no interesaba que las gentes tuvieran una creencia propia y fueran libres de pensamiento. Muchas historias, incluso del folclore, fueron reestructuradas y manipuladas en la Edad Media, tanto que cambiaron para siempre la historia. Ahí tenemos el famoso “sabbat infernal”, una celebración que en sus inicios era una ceremonia que se celebraba en diferentes días y durante las noches de luna llena en honor a Venus, símbolo de las Diosas y que era presidido por la Diosa Diana o Artemisa, Diosas de la luna, la caza y protectora de la naturaleza. Un ritual donde también estaba o asistía la figura del Dios Cornudo o Dios Astado, Dios de la fertilidad, la regeneración y la abundancia (un dios que hay que recalcar que su imagen nació posiblemente de ese chamán prehistórico que utilizaba los cuernos y las pieles de los animales para invocar a los espíritus de la naturaleza) y de esta simple imagen tradicional de un ritual al aire libre para honrar a las Diosas, a la luna, la abundancia y la fecundación de la naturaleza, pasaron a llamarlo “Sabbat Infernal”, donde las brujas se reunían para fornicar y hacer pactos con el demonio, que es quien presidía ese encuentro.

Esto realmente es una manipulación de los acontecimientos históricos, fue una forma de perseguir a todas aquellas personas que en aquella época se ocultaban en las montañas para seguir honrando a sus dioses paganos. Hay un libro llamado “Origins of the Witches' Sabbath” de Michael D. Bailey donde habla de muchas de las fuentes medievales que escribieron sobre este tema, donde se menciona el estatus maligno del sabbat y de las brujas que asistían a estos aquelarres. Evidentemente, todas esas fuentes son cristianas de principios del siglo XV, que es cuando se le da ese carácter maligno o infernal al sabbath. Una conspiración que en los Alpes tuvo mucha repercusión, ya que la idea era seguir cristianizando a las gentes que aún seguían adorando a sus dioses paganos, por lo que inventaron que las brujas hacían magia negra y dañaban a las personas, les creaban enfermedades y sus poderes provenían del mismo diablo que presidía sus congregaciones en el sabbath.

Por lo tanto, teniendo en cuenta que la palabra demonio proviene del griego daimon (δαιμόνιον) y que su origen no tenía connotaciones negativas, sino que eran esos seres divinos que interactuaban entre dioses y humanos, y cuya función era influir en el destino de las personas, incluso llegando a considerarse seres superiores o almas de los muertos; que su raíz proviene de εὐδαιμονία, que significa la felicidad; que podían ser benévolos o malévolos dependiendo de la persona por quien intercedían, ¿qué maldad o malignidad puedes ver en los demonios cuando los miras a través de su verdadera naturaleza? Platón y Jenofonte hablaron en muchas ocasiones de ese daimon de Sócrates, el cual se traducía en dios, demonio, duende e incluso en voz interior que él decía escuchar y que lo guiaba en sus acciones o decisiones, porque él creía firmemente que esta voz interior o daimon era una manifestación de la sabiduría divina, la cual le instruía en la búsqueda de la verdad. Platón fue quien desarrolla la idea de que el daimon es un alma inmortal que habita en el cuerpo y en el ánima. Los neoplatónicos piensan que es una manifestación de una inteligencia divina y, en el romanticismo, poetas y filósofos le dan otro concepto al daimon, porque su figura ha sido interpretada y analizada durante toda la historia de la filosofía: desde ser una fuerza creadora y destructora a ser quien impulsa a superar nuestro límite; desde ser un arquetipo del inconsciente colectivo a ser el lado oscuro de nuestra personalidad (sombra); desde una inteligencia artificial a una metáfora para describir los procesos cognitivos.

Los demonios son una figura que, a pesar de su transformación, siempre van a seguir con nosotros, aunque se les siga dando esa connotación maligna, porque los dioses paganos a los que hacen referencia estos demonios han encontrado en el mundo acausal una forma de adaptarse y seguir evolucionando con las futuras generaciones. Generaciones que están cansadas de ese adoctrinamiento de la Iglesia, cansadas de estar por debajo de un dios no representativo, cansadas de la manipulación de las religiones, y que buscan en estos demonios, dioses antiguos y espíritus primigenios de la naturaleza una vía de escape hacia nuestras creencias y hacia ese conocimiento ancestral que esconden. Todos estos personajes que inventaron estas doctrinas, religiones o filosofías tenían claro una cosa: que en algún momento la gente iba a despertar de esa mentira. De hecho, existe un pasaje que suele ser el favorito de los no católicos y los satanistas, una especie de profecía que augura que los católicos renegarán de su fe para entregarse a las doctrinas demoníacas.

El apóstol Pablo, al final de su carrera como evangelista, ya dijo: "El Espíritu afirma claramente que en los últimos tiempos habrá algunos que renegarán de su fe, para entregarse a espíritus seductores y doctrinas demoníacas, seducidos por gente mentirosa e hipócrita, cuya conciencia está marcada a fuego. Esa gente proscribe el matrimonio y prohíbe el consumo de determinados alimentos que Dios creó para que los creyentes y los conocedores de la verdad los comieran dando gracias." (1 Tim 4, 1-3). Así que, como reflexión final, no sé qué opinas tú sobre todo esto, pero yo seguiré ensalzando el poder de todos estos dioses paganos que un día fueron demonizados por cuatro pelagatos.



Firma:
Lithkasha
Fundadora de El Santuario de Lilith (ES)

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