«El demonio no es tan negro como es pintado...»
—Dante Alighieri, La Divina Comedia.

Aunque parezca que rendirle culto a los demonios es moderno, realmente es algo que se
hace desde hace cientos de años, era algo que se hacía en la intimidad. Así que,
empezando por el principio, ¿qué es la demonolatría? Es el culto que se le rinde al diablo o,
de una forma más moderna, son los cultos a los demonios, esos espíritus sobrenaturales
que no son considerados dioses. Aunque en la demonolatría moderna no siempre se rinde
culto al Diablo, muchos sistemas lo rechazan. Esto lo deja bien claro Connolly en su libro
Modern Demonolatry: “Es el culto que se le rinde a los demonios, y en algunos sistemas al
Diablo…”. Estos cultos son una práctica mágico-religiosa que a día de hoy gana adeptos
como cualquier religión, incluso algunos lo toman como un estilo de vida.
En la actualidad existen dos visiones sobre los demonios dentro de la demonolatría: están
aquellos que creen que estas entidades son reales, les rinden culto, los idolatran y los
utilizan para conseguir cosas en el mundo terrenal y, después, están los que creen que los
demonios son manifestaciones o encarnaciones de alguna emoción y que las utilizan como
desarrollo para su evolución personal o espiritual, pero que sea como sea, son inteligencias
de gran conocimiento con las que trabajar, ya sea de forma mental o ritual. La demonolatría
no todos la consideran una religión (aunque para algunos autores sí lo es, Connolly
incluida), sino más bien es un tipo de práctica mágica basada en nuestras creencias
personales. Demonología y demonolatría no es lo mismo: una es el estudio de los demonios
y la otra es la adoración a esos demonios. Hoy en día tenemos, entre comillas, la libertad
para realizar este tipo de cultos en algunos países, aunque hubo un tiempo en que se
ejercía de forma secreta.
Si tenemos en cuenta que lo que conocemos como demonios son antiguos dioses paganos
o espíritus sobrenaturales, debemos comenzar muy atrás en el tiempo, como por ejemplo
en Egipto, en el tiempo pasado en el que el dios de la sabiduría Dyehuty, más conocido por
su nombre griego Thot, que más tarde se le conocería como Hermes en Greccia y en Roma
como Mercurio, era el mensajero de los dioses. Se cuenta que en el templo de la Diosa
Neith había unas salas donde se guardaban registros históricos en papiro que databan de
9000 años. Estos papiros, considerados sagrados, contenían información sobre las antiguas
tradiciones y los secretos de los sacerdotes egipcios. El autor de estos papiros y a quien se
hace referencia en su autoría es el propio dios Thot. Los papiros llamados “la hermética o la
literatura hermética” son una composición de papiros con hechizos y procedimientos
mágicos con la intención de atrapar espíritus, daimones o inteligencias divinas en estatuas
mediante elementos como piedras, hierbas y esencias.
La intención de mantenerlos encerrados en estatuas era para que estas entidades o
divinidades pudieran hablarles, aconsejarles o profetizar el futuro en general. La hermética
resurge en la Edad Media, donde alquimia, magia, astrología y quehaceres místicos están
en auge; de aquí surge la filosofía hermética o hermetismo. En la era moderna se cree que
en estos papiros se esconde un conocimiento oculto que aún no ha sido desvelado, pero lo
que sí sabemos es que el dios Thot puede considerarse una base simbólica para la
demonolatría actual y sus prácticas mágicas. Después se sumaron a esta práctica de
capturar las almas de espíritus, demonios o divinidades en estatuas tradiciones como la
griega o la romana que, junto con las prácticas de cananeos, amorreos y otras sectas
antiguas, fueron la pieza fundamental para la demonolatría que ha llegado a nuestro tiempo.
Sobre el año 2500 a.C., los amorritas, el pueblo que vivía en la región al oeste del río
Éufrates, adoraban a la divinidad de la fertilidad y la tormenta Baal-Berith, que no es otro
que el dios Baal, el que era adorado por semitas y cananeos. Baal en la antigüedad fue un
espíritu de la fertilidad y la fecundidad, de la abundancia y protector del ganado. Como fue
tan venerado porque proveía lo que la gente necesitaba, pasó a ser uno de los dioses
antiguos más poderosos e importantes, y esto dio pie para convertirlo en un demonio.
Terminó siendo lo que realmente no era, al igual que Lilith y muchos otros dioses o espíritus
de la naturaleza, se le llamó el falso Dios y también se le apodó como el que “come niños”.
De hecho, en el Antiguo Testamento dice que su culto desvía a Israel del verdadero Dios.
Así que, como muchos otros dioses de la historia y en grimorios medievales como el Ars
Goetia o el Pseudomonarchia Daemonum, se le convierte en un rey del infierno, se le da el
poder en oriente y es conocido como Bael o Belcebú. Los escritores medievales de la
Inquisición eliminaron todo lo bueno que tenía para dejar el aspecto maligno y grotesco que
se habían inventado, porque lo de comer niños no fue Baal, sino una acusación transferida
y amplificada desde otros mitos como el de Cronos.
La imagen popular de Baal como “come niños” proviene en gran parte de relatos griegos,
romanos y bíblicos que describen prácticas púnicas en Cartago. No hay evidencia directa en
textos antiguos cananeos que Baal pidiera sacrificar niños La evidencia arqueológica
muestra enterramientos infantiles junto a ofrendas votivas en los llamados tophets (estelas
votivas dedicadas a dioses como Tanit y Baal-Hammon), pero los investigadores debaten si
esto refleja sacrificios rituales o cementerios especializados para niños fallecidos por muerte
súbita o natural en aquella época y la presencia de animales si que reflejan prácticas más
complejas de culto o de memorialización familiar, no necesariamente sacrificio humano. Por
tanto, la idea de que los cuerpos infantiles de esos sitios eran ofrendas literalizadas a Baal
es controvertida y no está firmemente establecida como hecho histórico. Reptio, no hay
pruebas claras en textos religiosos originales de Canaán que Baal exigiera sacrificios
infantiles como norma del culto. Esto se puede ver en el análisis antropológico y
arqueológico moderno sobre el Tophet de Cartago.
En 1928, se hace un hallazgo en la antigua ciudad de Ugarit, actualmente llamada Ras
Shamra en Siria, donde se encuentra la entrada a una Necrópolis con bibliotecas privadas y
noventa habitaciones de lo que fue un Palacio Real; allí aparecen una gran cantidad de
textos en tablillas que hablan de los tiempos sumerios que lo registraban todo, incluso se
encontraron textos en otros idiomas (acadio, sumerio, chipriota, hurrita e incluso egipcio con
su escritura jeroglífica). Algunos de estos textos se datan del 1400 a. C. y en ellos hay
recogidos rituales que se les hacían a estas deidades como Baal. Pero no es hasta que el
cristianismo se impone por el mundo cuando dioses paganos de las antiguas tradiciones se
convierten en demonios reales y la demonolatría, que era algo habitual, se oculta y pasa al
anonimato. A partir de aquí, veremos la lucha que mantendrán los humanos por dominar a
los demonios.
Entre los siglos III y V d. C. aparece el Testamento de Salomón, escrito en griego, unos
1500 años después de la vida de Salomón, que cuenta las aventuras e historias que vivió el
que fuera hijo del rey David. Fue un personaje muy importante dentro de la época cristiana
primitiva y los eruditos creen que todas estas historias son ficticias. Aparentemente, es una
especie de carta o confesión en su lecho de muerte y en él se cuenta la historia de cómo,
invocando ángeles con técnicas mágicas, se puede contrarrestar el poder de los demonios.
Una de las historias de este libro es la de cómo el arcángel Miguel le da al rey Salomón un
anillo mágico que le ayudará a dominar a los demonios para construir el Templo de
Jerusalén; con este anillo los interroga y aprende de ellos para saber cómo poder
derrotarlos. Tiene una mezcla de ideas espirituales cristianas, egipcias y griegas, por eso
nunca se tomó en serio este libro, que también contiene hechizos, astrología, alquimia y
medicina.
Algunos dicen que es el testamento apócrifo menos conocido del Antiguo Testamento y que
nunca llegó a traducirse al castellano, incluso las notas que tiene a pie de página descifran
información oculta que tiene paralelismos conceptuales con textos judíos antiguos como los
rollos del mar Muerto (aunque no hay vínculo directo textual demostrado). Esas notas, junto
con la información que se encontraba en la biblioteca gnóstica de Nag Hammadi y los
manuscritos esotéricos de la época, impulsaron la aparición de las “Clavículas de Salomón”,
donde magos, hechiceros y alquimistas medievales dieron nacimiento a nuevas doctrinas
que asentaron las bases de la angelología y la demonología moderna. De aquí surgirá la
jerarquía demoníaca de donde salen todos los grimorios goéticos más modernos.
De las historias del Rey Salomón pasamos a 1119-1188 d. C., la época de la antigua orden
militar de los Caballeros Templarios y su adoración por Baphomet, un dios pagano de la
fertilidad que era asociado a la reproducción. (Baphomet no fue identificado claramente
como dios de fertilidad en ninguna de las fuentes medievales conocidas, sino más bien
como una figura idolátrica de naturaleza incierta como podemos ver en “The Trial of the
Templars - de Malcolm Barber”). Baphomet estaba representado por un carnero que en la
antigüedad sí era símbolo de la fecundidad.
Los miembros de la orden supuestamente adoraban a esta deidad y le rezaban; algunos de
ellos creían que este ídolo tenía poderes talismánicos y, cuando fueron perseguidos y
torturados, algunos de ellos llegaron a decir que tenían relaciones sexuales íntimas, lo que
llevó a la iglesia a acusarlos de venerar a falsos ídolos, practicar la herejía y también la
sodomía. Realmente, todo esto fue un invento de la iglesia y el rey Felipe IV de Francia,
que, junto con el Papa Clemente V, iniciaron una pugna por los bienes templarios. El papa
Clemente V fue el encargado de que el mundo se enterara de la traición con sus falsas
creencias como adoradores del demonio. Según el libro de Stephanie Connolly “Moderna
Demonolatría”, la historia de los Caballeros Templarios fue un rumor del Rey Felipe IV de
Francia para eliminar la orden porque habían adquirido mucha riqueza; la orden llegó a ser
más poderosa que incluso la “Secta de Lemann de 1249”, según tradiciones modernas.
En 1312 aparece el grimorio de la familia Delaney que contiene fuertes influencias
cristianas, donde se puede encontrar una de las primeras jerarquías demoníacas con nueve
entidades que hacen correspondencia a los elementos y las polaridades energéticas de la
vida. Sobre el siglo XIV-XV también encontramos las “Clavículas de Salomón” que más
tarde llevaron a la creación de la Llave menor del Rey Salomón. Las Clavículas fue un libro
importante en el que alquimistas y cabalistas fueron influenciados. Hoy en día estos libros
que nos han llegado no son los antiguos porque después se publicaron versiones
posteriores como la de “la Llave Mayor del Rey Salomón” escrito por McGregor Matters y en
1914 L.W. de Laurence, aprovechando los estudios de Matters y gracias a sus
conocimientos del esoterismo oriental, editó otra versión alternativa.
En 1487 el inquisidor y teólogo Jean Vineti llegó a publicar de forma póstuma “Tractatus
Contra Daemonum Invocatores”, que se traduce como el Tratado contra los invocadores de
demonios. Un libro de demonología que se enfoca en la invocación del diablo y cómo
interactúa con las brujas para ver qué poderes adquieren tras los pactos. También tiene
muchísimos exorcismos contra demonios en los que se dice que su eficacia ha sido
aprobada. A partir de aquí se verán muchísimos libros sobre demonología que contienen
toda la información necesaria para trabajar con ellos e idolatrarlos, surgiendo la
demonolatría moderna. En 1519 aparece el Libro Negro de Thoman Buchan, donde se
analiza a los Templarios como una secta que adora al demonio, donde dice: "Si bien los
Templarios no son de nuestra familia, los trataremos como tales y presentaremos nuestros
respetos a Baphomet en sus templos sagrados" (pág. 90 - tomo 2).
Del 1589-1863 dC se consolida la iconografía moderna del diablo cristiano y se crean esas
jerarquías de demonios con nombres de antiguos dioses paganos, es cuando se ven en
varios grimorios familiares de Richard Dukante los primeros enn demoníacos y sus sellos
para invocarlos. Tengo que reconocer que por más que he buscado no he encontrado nada
sobre este señor y ni sobre la demonolatría de su familia, muchas fuentes dicen que
posiblemente el nombre de Dukante es un seudónimo para seguir manteniendo la identidad
oculta de esta familia. En 1963, Dukante presentó la jerarquía completa donde se puede
encontrar a Lilith por primera vez formando parte de los grandes del infierno. Hemos de
pensar que la demonolatría es un culto que mezcla religión y magia ceremonial, que lo
mismo que hay demonios para el amor y la sanación, también los hay para dañar o la
destrucción.
Tan importante fue el tema de la demonolatría que existen muchísimos grimorios sobre
cómo trabajar no solo con demonios, sino con una gran cantidad de espíritus y entidades.
Algunos interesantes cómo el “Grimorium Verum” o más conocido como el grimorio de la
verdad, escrito siguiendo la doctrina del Rey Salomón en 1517 y atribuido a Alibeck el
Egipcio. El “Gran Grimorio” de 1521 también conocido como “El Dragón Rojo” o “El
Evangelio de Satán”, escrito por Honorio de Tebas y que según cuenta la leyenda, estaba
poseído por Satanás. También se dice que este grimorio fue escrito en 1702 por Antonio
Venitiana del Rabina que fue quien recopiló la información original de los textos de
Salomón. Incluso Eliphas Levi consideraba este grimorio como el más antiguo de todos.
En 1563 aparece el tratado sobre demonología “Praestigiis Daemonum”, escrito por el
médico y ocultista holandés Johann Weyer quien fue discípulo de Cornelio Agrippa. Su título
completo es “De Praestigiis Daemonum et Incantationibus ac Venificiis, que significa: “Sobre
las trampas de los demonios, sus ilusiones y venenos”. En él se analizan las experiencias
de los adoradores de demonios e incluso cosas de brujas, lo que Weyer cree que es una
invención y que todo el dominio de las artes negras es para engañar al resto del mundo.
Lo que sí tiene es un extenso censo sobre demonios creando un gran diccionario y de este
diccionario demonológico es de donde después surgiría el “Pseudomonarchia Daemonum”
que se publicó en 1577. Si traducimos el título realmente significa “La Falsa-monarquía de
los demonios”, aquí ya se contemplan los rangos que tienen dentro de las altas jerarquías
del infierno, se nombra a los 7 principales e incluye los días, horas y rituales que se pueden
hacer para poder conjurarlos. Un libro de oficios para los espíritus y que muestra quién
manda o está en la parte más alta de la jerarquía y qué rol cumple cada uno de ellos.
Entre medias de esos dos grimorios, se publica en Suiza en 1575 “Arbatel de Magia
Veterum”, que se traduce al español como Arbatel, la Magia de los Antiguos, un grimorio
que habla de los siete Espíritus Olímpicos que podían verse como ángeles, eran deidades
intermediarias o, como ya recalcaban anteriormente, eran los que intercedían entre dioses y
humanos. En 1595, en Francia, “Daemonolatreiae Libri Tres”, en español Demonolatría de
Nicolás Remy, un inquisidor francés que, a pesar de que estaba considerado como un
grimorio de demonología, incluyó un estudio sobre demonios y los atributos de estas
criaturas para engañar a los cristianos, creando de esta forma un escrito bastante
interesante que se puede utilizar hoy para la demonolatría moderna. En 1760 encontramos
el “Gran Grimorio del Papa Honorio”, el único que fue escrito y diseñado para ser utilizado
por un sacerdote. Un libro de conjuros para invocar espíritus según la astrología y,
evidentemente, controlar a los demonios de forma apostólica. A finales del siglo XVIII
tenemos “La Gallina Negra”, a finales del siglo XX “El libro de Azariah”, en el siglo XXI “El
Libro de Azrael” y así llegamos a los autores más relevantes de nuestra época.
Sobre demonología y demonolatría hay muchísimos libros. Los más modernos que
podemos encontrar con más facilidad son los autores más relevantes del sendero siniestro,
como la goetia luciferina de Michael W. Ford, los libros sobre demonolatría de Stephany
Connolly, la goetia ilustrada por Aleister Crowley, la magia goética de Karlsson, las
clavículas mayor y menor de Kerr, la moderna goetia de Rufus Opus y algunos más que
deambulan por internet. Lo que a mi parecer hay que entender de la adoración o el culto al
demonio es que el ser humano es quien decide creer si estas entidades son reales o no.
Los humanos los categorizamos como fuerzas elementales, primigenias, oscuras y caóticas,
les dimos vida propia para que pudieran ayudarnos a descubrir la sabiduría oculta, para que
nos acompañaran en nuestro crecimiento personal y espiritual, para que nos ayudaran en
nuestros trabajos mágicos e incluso para que nos protegieran, algo que llevan haciendo
desde la antigüedad. No hay distinción entre trabajar con un Dios o un Demonio porque la
etiqueta se la ponemos nosotros. A los demonios se los define e identifica por los atributos
que les hemos dado, al igual que a los Dioses. Al principio simplemente eran espíritus
elementales que han ido cogiendo forma, se les dieron atributos humanos para parecernos
a ellos y, cuando nos sentimos reflejados por un demonio, estamos mostrando nuestra
naturaleza interior, esa naturaleza oscura que nadie desea aceptar.
La demonolatría es una práctica que perdura con el paso del tiempo. Dioses de religiones
precristianas que, bajo otro nombre y atributos, se han mantenido vivos gracias a nuestras
creencias. Puede que en este punto te sientas demonólatra, puede que seas teísta o tal vez
ateísta, puede que creas en estos demonios como seres sobrenaturales vivos o
simplemente creas que son nuestras propias energías proyectadas. Cada persona escoge
con qué demonio quiere tratar y con cual se siente más reflejado (al igual que los antiguos
hacían con los dioses), porque para ser demonólatra y trabajar con ellos hay que llegar a
ellos desde el respeto, necesitan su adoración y sus ofrendas rituales.
Por otra parte, si crees que los demonios se pueden controlar, puedes dominarlos en contra
de su voluntad (como hacía Salomón con su anillo) y puedes desterrarlos cuando quieras,
es que no tienes ni idea de demonolatría, porque la práctica antigua es muy distinta a lo que
conocemos hoy. No se les pide nada como se les hace a los dioses, sino que se crea una
especie de vínculo o relación para sacar el mayor partido a esos atributos que tienen. Ese
vínculo no nace de la imposición ni del sometimiento, sino de un reconocimiento mutuo
entre dos fuerzas conscientes. Nosotros nunca estaremos por encima de esa entidad, no
trataremos de esclavizarla, sino aceptarla como un igual. Hay que dejar a un lado ese
mando y esa obediencia ciega que son conceptos heredados tanto de las religiones
monoteístas como de la magia ceremonial salomónica. Nunca se debería trabajar con estas
entidades desde el miedo, la amenaza o la coacción, más bien desde esa afinidad
energética que sentimos, desde el respeto y teniendo en cuenta que ellos no están a
nuestro servicio, simplemente colaboran cuando hay una resonancia real.
El demonio no es un sirviente, tampoco un enemigo al que hay que someter. Hay que
establecer una relación gradual, que se construye con el tiempo y la práctica. Lo que se
busca es la apertura consciente, la exaltación de la energía de la entidad y la integración de
sus atributos en el trabajo mágico y espiritual del practicante. No se trata de pedir favores ni
de exigir resultados inmediatos, sino de aprender, absorber y canalizar aquellas fuerzas que
representan aspectos primordiales de la naturaleza, de la psique y del universo.
Desde esta perspectiva, el trabajo demonolátrico es un camino de transformación personal,
donde el practicante se enfrenta a su propia sombra, a sus miedos y a sus deseos más
profundos. El demonio actúa como espejo, como catalizador de procesos internos, y no
como una figura externa a la que se le delega la responsabilidad de los actos propios. Por
eso, quien se acerca a estas entidades buscando poder rápido, control o dominación, tarde
o temprano descubre que la demonolatría no es un juego ni una vía de evasión, sino un
sendero exigente que requiere honestidad, compromiso y autoconocimiento.
En algunas corrientes modernas no se crea un círculo de protección, se enaltece la energía
que proyecta esa entidad que vamos a conjurar, se entregan sacrificios de nuestra sangre
de forma responsable como ofrenda y vínculo con esa entidad, no se sacrifican animales,
no se le hace daño a nadie, no se juzga a estas entidades por su naturaleza, no contempla
la creencia del infierno y rechaza cualquier idea cristiana o que represente una religión
monoteísta. Hemos de tener en cuenta que todo lo que nos ha llegado a nuestro tiempo
está todo muy manipulado y corrupto, que hubo unos señores que se encargaron de
desprestigiar estos espíritus antiguos, los despojaron de sus verdaderos atributos, se les dio
una connotación negativa, un aspecto monstruoso, los clasificaron en jerarquías como si
fueran productos de supermercado que se puedan contabilizar y dándole importancia a
unos más que a otros dependiendo la época.
En los años que llevo investigando sobre estas entidades sobrenaturales, no encontré que
ningún escrito mencionara el equivalente de Lucifer en Mesopotamia, por ejemplo, que es
de donde provienen los primeros demonios que sepamos, porque realmente Lucifer era un
ángel, por lo que no aparece en la lista medieval de demonios bíblicos. Todo esto es a raíz
de las tradiciones abrahámicas, de la falsedad de ensuciar su imagen. Ya lo dijo Blavatsky:
"La iglesia le da ahora la denominación de Diablo como 'tinieblas', porque el primer Arcángel
que surgió de las profundidades del Caos fue llamado Lux (Lucifer), el luminoso 'Hijo de la
Mañana' o Aurora Manvantárica, mientras que en el Libro de Job, se le llama 'Hijo de Dios',
la brillante Estrella Matutina, Lucifer". Por lo tanto, sabiendo todo esto y lo mencionado en la
primera parte, no tiene sentido ni las jerarquías de poder, que es un invento de los
humanos, ni la connotación maligna que se les ha dado, porque aunque no queramos,
siguen siendo esos seres o espíritus antiguos que se utilizaban para los propósitos del día a
día y su protección.
Aparentemente, las jerarquías espirituales siempre han intervenido en el desarrollo del
hombre durante mucho tiempo, pero hay que reconocer que clasificar a los demonios según
rango, rol, atributos y poderes es limitar la naturaleza real que tienen estos espíritus. Cada
época pasada ha tenido sus espíritus o entidades, cada tradición del mundo les ha dado un
aspecto y unos atributos diferentes, pero teniendo en cuenta que existen desde el principio
de los tiempos, realmente siempre ayudaron a la humanidad a evolucionar. Lo vemos en la
propia historia de Lucifer o de la serpiente del Jardín del Edén. Lucifer era un ángel que
gozaba de libre albedrío: Dios no creó a Lucifer como el diablo; lo creó bueno (Génesis
1:31). Supuestamente, era bueno hasta que cayó; en Timoteo 1:20 y Corintios 5:5 dice:
"Dios puede utilizar las malas acciones de Satanás para llevar a cabo su plan santo". Por lo
tanto, Dios permitió esa rebelión y la propagación de los pecados en la Tierra, de hecho,
sabía que iba a ser traicionado.
La historia de Lucifer cuenta que le gustaba observar la creación de Dios en la Tierra, ver
cómo descubrían cosas nuevas y sobrevivían sin ayuda de su padre. Se convirtió en el
causante de todos los males cuando fue desterrado, el incitador al lado oscuro y el
adversario de Dios. Pero hazte una pregunta, ¿siempre fue así? No, porque no se le
menciona como maligno ni en la Biblia hebrea ni en el Antiguo Testamento, pero sí se le
denomina en el libro de Job como Ha-Satán, el adversario (o el opositor) y la misma palabra
Satanás hace referencia a alguien que te pone trabas en el camino, no se menciona como
una entidad.
Por ejemplo, en el 539 a.C., Ciro el Grande permitió que los judíos regresaran a Jerusalén y
se llevaron elementos de la religión persa que se fusionaron con la personificación del caos
y de Ha-Satán; esto derivó en asignar los males de sus vidas a Satán en vez de a Dios.
Pero Lucifer simplemente se volvió popular en la Edad Media por un error de traducción; en
Isaías 14 hay una polémica que habla del rey de Babilonia. Isaías critica al rey, que se había
nombrado a sí mismo como "lucero del amanecer" por su arrogancia de pensar que era un
ser divino, y le dijo: "¡Cómo has caído del cielo, estrella de la mañana, hijo del alba!".
Cuando Jerónimo tradujo las escrituras hebreas al latín en el siglo IV d.C., sabía que los
romanos llamaban a su estrella de la mañana (el planeta Venus) Lucifer, así que tradujo ese
pasaje concreto como tal, dándole al ángel caído ese nombre, y es aquí donde alcanza
popularidad su nombre. Sé que puedo tener una idea preconcebida sobre demonios,
demonología y demonolatría, pero los humanos pecamos al darles una personalidad que no
les corresponde. Adversarios hay muchos, más de los que podamos imaginar: Lucifer,
Samael, Ahriman, Mefistófeles, etc. Todos reconocidos como Satán en la Edad Media.
En muchas ocasiones he llegado a pensar que son tantas las transformaciones que han
sufrido, que realmente ya no puedes saber si realmente estás invocando a ese antiguo
espíritu ancestral o estás llamando a un egregor creado por la adoración de miles de
personas en la actualidad. Se les ha dado tantas formas que realmente su imagen está
distorsionada, lo que nos puede parecer a día de hoy malo o peligroso, simplemente en la
antigüedad era su naturaleza primordial, una naturaleza mancillada por hombres
retrógrados medievales que impusieron su moral eclesiástica y que se extrapoló a estas
entidades o espíritus haciendo cambiar las creencias, haciendo cambiar el curso de la
historia a su antojo.
Los demonios siempre estuvieron ligados a la brujería y la hechicería desde épocas
prehistóricas, donde creían que cuando ocurrían cosas malas o desgracias es porque los
espíritus estaban enfadados y había que apaciguarlos. Simplemente, estos espíritus eran la
personificación de las fuerzas de la naturaleza que están en todas las culturas y sus
mitologías, como los muertos, los elementales o el animismo. Los pueblos primitivos no
entendían de ángeles o demonios, solo de espíritus, pero a medida que la humanidad se
fue modernizando llegaron todas estas figuras que hoy se representan en estos libros de
demonología y demonolatría.
Asirios y acadios creían que bajo los Dioses había una especie de tropas de seres
espirituales, algunos buenos y otros malos. Esto está escrito en “tres libros” (tablillas de
arcilla) en cuneiforme; uno de los libros habla de los espíritus malignos llamados Kullulu,
que significa malvado o maldito; Limuttu, que significa pernicioso; o Udukku, que
simplemente significa espíritu. Para los iraníes, y presentado en el libro sagrado madeana
de Zoroastro, en el Avesta nos encontramos con Angra Mainyu, más conocido por Ahriman.
Para los judíos hay una gran lista como Samael, la serpiente del Edén; Lilith representada
como Lamia; o Asmodeo. Para los primeros cristianos, Lucifer y todos los que cayeron con
él. En época medieval, todo lo que se salía de las creencias de la iglesia era demoníaco y,
en épocas más modernas, después de que el ocultismo hubiera renacido de nuevo,
tenemos la oportunidad de poder estudiar todos estos espíritus y criaturas que una vez
fueron tachadas de malignas. Por lo tanto, solo puedo decir que tú eres quien decide creer o
no en estos espíritus primordiales de la naturaleza. Tú decides si realmente son de verdad o
no, si son buenos o no son buenos, si te pueden ayudar o entorpecer. Yo lo tengo muy claro
y sigo llamando a esos espíritus caóticos primordiales que son los que verdaderamente me
contestan cuando se les convoca y que son una gran fuente de información.
En el caso de Lilith es una de las entidades o espíritus que mayor transformación ha tenido
en la historia y la entidad o espíritu que más atributos malignos ha recibido. Partiendo de la
base que la Lilith Sumeria y la Lilith judía no son las mismas, apareciendo por primera vez
en la Epopeya de Gilgamesh y la traducción de este poema habla de un demonio llamado
Lilitu, pero cuando el poema es traducido dice que en medio de ese árbol, la doncella Lilit
construyó su casa, porque el femenino de Lilitu se traduce directamente como la doncella
Lilit y comparte la misma raíz (LYL-Layil) que significa "noche". Lilith era un espíritu del
viento o demonio femenino y Kramer tradujo la tablilla XII donde menciona que
ki-sikil-lil-la-ke es Lilith. ki-sikil-lil-la-ke se asocia con una serpiente y el ave Zu, por lo que no
está muy claro si estos tres personajes de la epopeya conforman la misma entidad, es una
teoría que está en desarrollo, pero lo que sí sabemos es que en él en el Diccionario de
Deidades y Demonios de la Biblia (1999) se identifica a ki-sikil-lil-la-ke como Lilith. Si
traducimos el nombre nos encontramos que ki-sikil hace referencia a un "lugar sagrado", lil
a "espíritu" y lil-la-ke se traduce como "espíritu acuático", el espíritu de las aguas
posiblemente primordiales.
En la antigüedad tardía encontramos una historia madea donde Lilith representa un árbol
lleno de ramas haciendo alusión a la fuente de la vida de la naturaleza y el crecimiento
(Gaia o Axis Mundi) y en sus ramas hay personajes demoníacos, múltiples Lilims, lo que
quiere decir que de sus ramas surge su descendencia y con personajes demoníacos nos
referimos a esos espíritus de la naturaleza, por lo que se sigue investigando si realmente
era un demonio de verdad, era una Diosa Oscura o una energía primordial de la naturaleza.
Lo que sí hemos de tener claro es que ella está relacionada con la brujería sumeria, ya que
en la epopeya habla de la serpiente que no conoce reposo o no puede ser hechizada. Es
muy curioso porque si nos fijamos en el poema de la creación sumerio nos habla de que los
dioses emergieron de un mar infinito y abismal; y, en el seno de este caos primigenio, “Lilith”
en sumerio, cuyo nombre significa Espíritu, o aliento (y según las interpretaciones modernas
de Graves y Patai, 1986: 8), era la diosa encargada de guardar las puertas que separaban
el plano espiritual del terrenal.
Lilith es la transmutadora de la materia, la conductora del alma; y así, como guía del alma
del ser humano hacia la sabiduría y la inmortalidad, se la representó como una bella mujer
alada, llevando los anillos de Shem y el báculo de poder para demostrar que, cruzando el
inframundo, Lilith había llegado hasta la inmortalidad y alcanzado la sabiduría del Árbol del
Conocimiento. Y toda la historia de Inanna y el árbol huluppu, la interpretación que tiene,
indica que el culto a Inanna es posterior a Lilith, por eso Inanna, al echar a Lilith del árbol,
indica que desaloja o destruye el culto a esta Diosa antigua o espíritu que emergió de las
aguas primordiales, porque Lilith abarcaba los tres planos del universo: el inframundo, como
serpiente; la tierra, como mujer; y el cielo, como ave. Una vez desterrada, Lilith sobrevive
como deidad menor, demonio femenino, espíritu del inframundo relacionado con la
oscuridad y con la hechicería; pero, al mismo tiempo, con las características físicas de la
propia Inanna, además de sus atribuciones como deidad de la fertilidad, como la Diosa
Anath.
Los escritos antiguos se han de coger con pinzas para poder descifrar lo que realmente
quisieron plasmar en esa época. De su destierro en Sumeria, da un salto a las tradiciones
judías. En el Génesis 1:27 podemos ver una alusión a que ella fue la primera mujer antes
que Eva, pero claro, esto proviene de la tradición rabínica y apócrifa, no de la Biblia
canónica, porque después rectifican que, en la creación, Eva es la primera mujer creada a
partir de la costilla de Adán para ser su ayuda idónea, según Génesis 2:18-22. Aunque en la
primera parte no se menciona a Lilith, sí se la menciona en el Alfabeto de Ben Sira como
primera esposa. Se cree que es una obra satírica para entretener a los judíos de la época y
que se da por fidedigna. Así sigue su historia hasta el día de hoy, donde es adorada como
Diosa Oscura o Demonio Femenino, la que abre las puertas al Sitra Ahra, pero la que fuera
Lilith en realidad, al principio de los tiempos, queda opacada por la nueva oleada de gente
siniestra que solo idolatra a un egregor que ha ido cogiendo forma desde la Edad Media y,
en una época moderna, dándole el título de la que representa al feminismo, cuando su
verdadero poder está en crear nuevas estructuras y mostrar el conocimiento a aquellos que
realmente lo buscan.
La demonolatría no es algo malvado o siniestro, adorar a estas entidades es homenajear a
todos estos dioses paganos, entidades y espíritus primigenios que fueron borrados de la
historia porque no interesaba que las gentes tuvieran una creencia propia y fueran libres de
pensamiento. Muchas historias, incluso del folclore, fueron reestructuradas y manipuladas
en la Edad Media, tanto que cambiaron para siempre la historia. Ahí tenemos el famoso
“sabbat infernal”, una celebración que en sus inicios era una ceremonia que se celebraba en
diferentes días y durante las noches de luna llena en honor a Venus, símbolo de las Diosas
y que era presidido por la Diosa Diana o Artemisa, Diosas de la luna, la caza y protectora de
la naturaleza. Un ritual donde también estaba o asistía la figura del Dios Cornudo o Dios
Astado, Dios de la fertilidad, la regeneración y la abundancia (un dios que hay que recalcar
que su imagen nació posiblemente de ese chamán prehistórico que utilizaba los cuernos y
las pieles de los animales para invocar a los espíritus de la naturaleza) y de esta simple
imagen tradicional de un ritual al aire libre para honrar a las Diosas, a la luna, la abundancia
y la fecundación de la naturaleza, pasaron a llamarlo “Sabbat Infernal”, donde las brujas se
reunían para fornicar y hacer pactos con el demonio, que es quien presidía ese encuentro.
Esto realmente es una manipulación de los acontecimientos históricos, fue una forma de
perseguir a todas aquellas personas que en aquella época se ocultaban en las montañas
para seguir honrando a sus dioses paganos. Hay un libro llamado “Origins of the Witches'
Sabbath” de Michael D. Bailey donde habla de muchas de las fuentes medievales que
escribieron sobre este tema, donde se menciona el estatus maligno del sabbat y de las
brujas que asistían a estos aquelarres. Evidentemente, todas esas fuentes son cristianas de
principios del siglo XV, que es cuando se le da ese carácter maligno o infernal al sabbath.
Una conspiración que en los Alpes tuvo mucha repercusión, ya que la idea era seguir
cristianizando a las gentes que aún seguían adorando a sus dioses paganos, por lo que
inventaron que las brujas hacían magia negra y dañaban a las personas, les creaban
enfermedades y sus poderes provenían del mismo diablo que presidía sus congregaciones
en el sabbath.
Por lo tanto, teniendo en cuenta que la palabra demonio proviene del griego daimon
(δαιμόνιον) y que su origen no tenía connotaciones negativas, sino que eran esos seres
divinos que interactuaban entre dioses y humanos, y cuya función era influir en el destino de
las personas, incluso llegando a considerarse seres superiores o almas de los muertos; que
su raíz proviene de εὐδαιμονία, que significa la felicidad; que podían ser benévolos o
malévolos dependiendo de la persona por quien intercedían, ¿qué maldad o malignidad
puedes ver en los demonios cuando los miras a través de su verdadera naturaleza? Platón
y Jenofonte hablaron en muchas ocasiones de ese daimon de Sócrates, el cual se traducía
en dios, demonio, duende e incluso en voz interior que él decía escuchar y que lo guiaba en
sus acciones o decisiones, porque él creía firmemente que esta voz interior o daimon era
una manifestación de la sabiduría divina, la cual le instruía en la búsqueda de la verdad.
Platón fue quien desarrolla la idea de que el daimon es un alma inmortal que habita en el
cuerpo y en el ánima. Los neoplatónicos piensan que es una manifestación de una
inteligencia divina y, en el romanticismo, poetas y filósofos le dan otro concepto al daimon,
porque su figura ha sido interpretada y analizada durante toda la historia de la filosofía:
desde ser una fuerza creadora y destructora a ser quien impulsa a superar nuestro límite;
desde ser un arquetipo del inconsciente colectivo a ser el lado oscuro de nuestra
personalidad (sombra); desde una inteligencia artificial a una metáfora para describir los
procesos cognitivos.
Los demonios son una figura que, a pesar de su transformación,
siempre van a seguir con nosotros, aunque se les siga dando esa connotación maligna,
porque los dioses paganos a los que hacen referencia estos demonios han encontrado en el
mundo acausal una forma de adaptarse y seguir evolucionando con las futuras
generaciones. Generaciones que están cansadas de ese adoctrinamiento de la Iglesia,
cansadas de estar por debajo de un dios no representativo, cansadas de la manipulación de
las religiones, y que buscan en estos demonios, dioses antiguos y espíritus primigenios de
la naturaleza una vía de escape hacia nuestras creencias y hacia ese conocimiento
ancestral que esconden. Todos estos personajes que inventaron estas doctrinas, religiones
o filosofías tenían claro una cosa: que en algún momento la gente iba a despertar de esa
mentira. De hecho, existe un pasaje que suele ser el favorito de los no católicos y los
satanistas, una especie de profecía que augura que los católicos renegarán de su fe para
entregarse a las doctrinas demoníacas.
El apóstol Pablo, al final de su carrera como evangelista, ya dijo: "El Espíritu afirma
claramente que en los últimos tiempos habrá algunos que renegarán de su fe, para
entregarse a espíritus seductores y doctrinas demoníacas, seducidos por gente mentirosa e
hipócrita, cuya conciencia está marcada a fuego. Esa gente proscribe el matrimonio y
prohíbe el consumo de determinados alimentos que Dios creó para que los creyentes y los
conocedores de la verdad los comieran dando gracias." (1 Tim 4, 1-3). Así que, como
reflexión final, no sé qué opinas tú sobre todo esto, pero yo seguiré ensalzando el poder de
todos estos dioses paganos que un día fueron demonizados por cuatro pelagatos.
Parte 3: Goetia Femenina: las Diosas Oscuras





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