Entre identidad,
experiencia y necesidad: la asexualidad frente al espejo del paraguas queer.
¿Es la asexualidad
una disidencia más dentro del espectro LGBT o un territorio propio que no
necesita cobijo? Este texto recorre una experiencia íntima atravesada por la
confusión, el ensayo y el error, para plantear una respuesta incómoda: quizá la
pertenencia no sea una cuestión de definición, sino de utilidad personal.
I
Eterno
debate sin respuesta… o puede que ya la conozcamos, pero no queramos admitirla.
En
cualquier caso, trataré de compartir mi opinión personal al respecto; opinión
que, debo reconocer, ya se estaba demorando, agazapada dentro de mi mente,
esperando el momento idóneo para revelarse.
Antes
de nada, quiero dejar claro que, independientemente de mi posición personal, no
tengo nada en contra ni a favor de nadie a este respecto. Creo que cada cual
puede etiquetarse como le plazca, siempre y cuando la decisión sea fruto de una
reflexión seria y, sobre todo, si esa etiqueta o etiquetas mejoran la calidad
de vida de la persona y hacen que se sienta a gusto y feliz consigo misma.
II
En
primer lugar, considero que hay dos puntos de vista a tener en cuenta para iniciar
la reflexión —aunque realmente son el mismo—: la perspectiva ACE y la
perspectiva LGBT.
Por
un lado, con “perspectiva ACE” me refiero a la propia naturaleza de la
Asexualidad: en sí misma es, por definición, la antítesis de la Alosexualidad.
Los Asexuales, en general, somos los “anarquistas del sexo” en un sistema que da el sexo por hecho, un mundo
completamente sexualizado, construido por y para personas Alosexuales.
Aclaro
que no soy antisexual. Soy Asexual, pero he tenido sexo (tanto si me gustó como
si no; aunque eso es otro tema). También soy consciente de que hay personas
Asexuales a las que sí les gusta el sexo. En general, me parece perfecto que
haya personas a las que les guste el sexo. Sencillamente, a mí no me interesa.
En
cuanto a la “perspectiva LGBT”: con esto quiero decir que el colectivo LGBT, en
su mayoría, está compuesto por personas Alosexuales; es decir, que articulan su experiencia sexual desde la atracción positiva hacia otras personas. Lesbianas, Gays, Bisexuales, Heterosexuales, etc., todos comparten su atracción o deseo sexual por otras
personas.
Según
este panorama, alguien podría aventurarse y decir: “no, las personas Asexuales
no somos LGBT, y punto”. Bueno, creo que la respuesta no es tan sencilla.
III
Os
contaré mi historia.
Durante
mucho tiempo (casi toda mi juventud) viví completamente condicionado por las
imposiciones socioculturales relacionadas con el sexo. Tuve una educación
estándar en lo relativo al sexo, muy malas influencias a mi alrededor y también
muy malas costumbres. Todo esto me llevó a tener una relación muy mecánica y tóxica con el
sexo.
Independientemente
de mi entorno, siempre tuve una tendencia inconformista hacia el sexo. Es
decir: me vi forzado a vivir una vida Alosexual, pero, como era de esperar, el
sexo no me llenaba. Por tanto, me pasé la vida experimentando, buscando algo
que me satisficiera, pero… ese día nunca llegó. ¡Sorpresa!
Al
principio, en mi ignorancia adolescente, pensaba que era heterosexual. Eso era
lo que me habían enseñado; eso era lo que yo creía que debía ser. Más
tarde, cuando empecé a notar cosas “extrañas” en mi persona, decidí que era
bisexual. Bastantes años después, incluso llegué a plantearme la
homosexualidad, directamente.
Con
el pasar de los años, mi confusión fue en aumento. Dadas mis tendencias
personales, empecé a pensar que era No-Binario, Agénero, Tercer Género, Género
Fluido… Me obsesioné con el tema, hasta que llegué a plantearme la
Transexualidad. Tuve problemas de disforia y dismorfia, causados por múltiples
factores, y hasta estuve a punto de hormonarme.
Sin
embargo, por suerte no lo hice.
Tras
varias crisis importantes, comprendí que aquello no era lo mío. En mi búsqueda
desesperada de algo que explicara mi identidad y mis problemas, estaba
intentando etiquetarme erróneamente.
Pasaron
años hasta que descubrí o reconocí mi Asexualidad, como ya conté en alguna ocasión. Hasta ese momento, no había sido capaz de plantearme que no querer
sexo también era una opción válida y real.
IV
Creo
que es importante destacar que la autoimagen puede ser importante a la hora de
reconocer tu identidad o tu orientación sexual. No pienses solo en si te atraen
sexualmente los demás o si tienes deseo o excitación.
Pregúntate
esto: “¿cómo me veo?” o “¿Cómo me percibo?”
Personalmente,
al mirarme en el espejo o al pensar en mí mismo —en cómo soy en realidad—, ya
sea en la actualidad o en perspectiva, no me veo como una persona sexual. La
verdad es que nunca me he visto como alguien sexual, y de ahí mis antiguos problemas
con el género: un constructo social que, necesariamente, implica la existencia
de ciertos roles o conductas sexuales.
No
me gusta pensar en
mí mismo como una persona sexual: me incomoda, me hace sentir desprotegido o
vulnerable, pero no en un sentido agradable. El sexo con otra persona —incluso
cuando lo tuve— me parece demasiado invasivo; incluso desde antes de tener
pareja, el solo hecho de pensar en estar obligado a tener una relación sexual
en el mundo real me provocaba ansiedad. A pesar de todo, creo que a veces puedo
ser sensual, según el caso; pero no sexual.
V
Después
de compartir mis experiencias, alguien podría pensar que, efectivamente, me
considero Queer o LGBT.
Pues…
no lo sé, pero… me da igual.
Ciertamente,
desde algunos puntos de vista se me podría considerar una persona bastante Queer.
Sin embargo, la cuestión no es si se me puede o no considerar tal o cual
cosa. La cuestión es si realmente necesito etiquetarme como Queer o
como LGBT para sentirme bien conmigo mismo. Y la respuesta es: no, no lo
necesito.
¿Lo
necesitas? ¿Por qué lo necesitas? ¿Para qué lo necesitas? ¿No será que lo que necesitas realmente es sentir que perteneces a algo?
Habrá
quien argumente que hay muchas personas LGBT que rechazan y discriminan a las
personas Asexuales, que nos consideran “heteros que no queremos sexo”, “célibes”,
“impostores” o cosas por el estilo.
En
este sentido, no les falta razón: ¿para qué queremos formar parte de un
colectivo que nos discrimina por ser diferentes? ¿Qué necesidad hay?
¿Salimos
del colectivo Alosexual (que nos discrimina) para meternos en el colectivo LGBT
(también Alosexual, y también nos discrimina en parte) con algún motivo
concreto?
Otros argumentarán que el eje de lo LGBT no es solo el deseo sexual, sino la disidencia respecto a la norma sexo-afectiva y de género. En este caso, la Asexualidad encaja de pleno. Sin embargo, no todas las personas LGBT comparten esta posición.
Que
no se me malinterprete. No tengo nada en contra del colectivo LGBT,
evidentemente, y tampoco contra las personas Alosexuales, en general, como ya
he dicho al principio. Sin embargo, creo que no hay ninguna necesidad de
incluir el colectivo ACE en el colectivo LGBT. Podemos ser aliados, pero
esencialmente somos diferentes; al menos, en cuanto a la atracción sexual o el deseo sexual. Si el colectivo LGBT hiciese más hincapié en el aspecto puramente afectivo de las relaciones, y no solo en lo sexual, entonces mi posicionamiento podría ser más favorable.
VI
La
cuestión, por tanto, de si los Asexuales somos LGBT o Queer se responde
por sí sola: no, los Asexuales no somos LGBT o Queer por definición. Sin
embargo, hay algunas personas Asexuales que se consideran Queer, y
viceversa.
Muchas
etiquetas Queer son agregados o matices; unas veces, muy genéricos, y
otras, demasiado específicos. “Queer” no es una identidad concreta (aunque algunos lo pretendan), pero
“Asexual” sí lo es, igual que “Lesbiana”, “Transexual” o “Gay”.
En cualquier caso, no es más que una cuestión de terminología —una de tantas, que causan tantos dolores de cabeza—: el hecho de no etiquetarte de una forma, no implica que no seas tal cosa o que seas inferior a otras personas. Este es un punto importante: ¿por qué no somos quienes somos, sin más, sin empeñarnos en nombrarlo todo?
La queeridad de alguien no se mide en función de la cantidad de etiquetas que lleva encima, sino en base a qué clase de persona es y lo que hace en su día a día; si es que la queeridad se puede medir, o si acaso hace falta medirla. Ten cuidado con cualquier persona que se dedique a medir la queeridad o la valía de una persona de esta manera o forzando a otras personas a ajustarse a ciertos comportamientos, actitudes, estéticas, jerga, etc. Eso no es Queer: es discriminación, segregación y elitismo barato. Neoliberalismo con disfraz LGBT.
Personalmente,
soy Asexual y Heterorromántico; pero no me considero Queer ni LGBT como
tal. Esta es mi decisión, porque actualmente estas etiquetas no me aportan nada. Otras
personas podrán considerar pertenecer al colectivo Asexual y, al mismo tiempo,
al colectivo LGBT, ya que esto les puede ser de utilidad. Está bien.
Ser
ACE y ser Queer son cosas diferentes, no excluyentes entre sí, pero no
se implican necesariamente; al menos, terminológica o ideológicamente hablando.
Al
final, la decisión depende de cada persona. En sexualidad, no hay opciones correctas: todas son válidas.
En el fondo, solo importa esto:
¿las etiquetas te acercan a ti… o te esconden?
Firma:
Sangue Shi
Redactor Jefe de la Revista Loto Negro
Editor Jefe de Sangue Shi Ediciones
Administrador de ACE Post-Sexuality
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