Un recorrido histórico por los rastros invisibilizados de la asexualidad antes de internet, desde el siglo XIX hasta la aparición de las primeras comunidades ACE online.
Existe
una creencia, tan extendida como errónea, de que la asexualidad surgió de la
noche a la mañana en internet. Sin embargo, el lenguaje no inventa las
realidades: simplemente se construye a medida que tomamos consciencia de ellas
para poder nombrarlas.
La
asexualidad ha existido siempre, mucho antes de que existieran las redes
sociales. Al igual que con otras numerosas realidades, no ha aumentado el
número de personas asexuales que existen, sino que se conoce mejor, lo que
permite nombrarlo y visibilizarlo. Esto no ha sido posible durante gran parte
de la historia, lo que se traduce en una dramática ausencia de registros debido
a la carencia de testimonios, el borrado histórico y la interpretación errónea
de aquellos que sí se conservaron. Al fin y al cabo, lo que no se nombra, no
existe, y no se puede concienciar sobre algo si no se sabe de su existencia y
ni siquiera se han acuñado los términos adecuados.
Ese
es el principal motivo de las escasas referencias históricas: no solo su número
es reducido, sino que aquellas que hoy en día se podrían entender como
asexuales o arrománticas también tienen otras explicaciones posibles, ya que se
registraron con conceptos de la época que engloban diferentes realidades, como
decisiones religiosas, priorización de otras actividades, posturas políticas,
otros aspectos de la sexualidad como la libido o condiciones médicas.
Este
marco de pensamiento se aplicaba a personajes ficticios, como la representación
mitológica y espiritual de los ángeles y ciertos personajes de distintas
mitologías. Además, se aplicaba a personas reales; por ejemplo, con aquellas
que practicaban el celibato religioso.
Ciertos
movimientos sociales también reflejaban esta realidad. Por ejemplo, en la
década de 1880 surgió el movimiento “spinster” [1]: mujeres angloparlantes que
se negaban a cumplir las expectativas de género. Afirmaban que “el sexo no es
una necesidad humana”, reivindicaban vivir sin compañía masculina y defendían
vínculos entre ellas.
De
forma similar, a finales del siglo XIX y principios del XX proliferaron los “matrimonios
de Boston” (documentados más tarde por Rothblum y Brehony) [2], acuerdos de
mujeres que vivían juntas para no depender de un hombre. Se ha teorizado que
estas mujeres eran lesbianas o bisexuales, y es probable que también hubiera
algunas asexuales, pero el vocabulario de la época no era suficiente para
distinguirlo.
Esta
realidad se intentó definir de manera cada vez más precisa. Así, en 1869, el
periodista Karl-Maria Kertbeny usó la palabra “monosexual” para definir a quien
no tenía relaciones sexuales y solo practicaba la masturbación [3]. Tres años
después, en 1872, el sexólogo Magnus Hirschfeld habló de “anestesia sexual”
(término que se perdió en las traducciones al español al cambiarse por “célibe”)
[4]. En 1897, la sexóloga alemana Emma
Trosse ofreció la primera definición de asexualidad [5].
En
el siglo XX, se afina este concepto: ya en 1907, el activista Carl Schlegel
exigía públicamente leyes iguales para “homosexuales, heterosexuales,
bisexuales y asexuales” [6]. En 1953, el biólogo Alfred Kinsey añadió la
Categoría X en su famosa escala para “personas sin relaciones socio-sexuales” [7].
En los años siguientes, distintos profesionales ofrecieron diversos términos y
explicaciones para intentar definir la asexualidad.
Los
primeros testimonios particulares explícitamente asexuales que se conservan
datan de las décadas de 1970 y 1980, con distintos periódicos que ofrecían
espacios para que sus lectores mandaran cartas y, en algunas de ellas,
expresaban su asexualidad. En esa época se empezaron a publicar documentos por
parte de activistas, como Lisa Orlando, que, con su “The Asexual Manifesto” [8]
de 1972, elaboró un documento pionero que sentó algunas de las bases del
activismo actual.
Estos
testimonios, los que nunca se llegaron a expresar y todos aquellos de los que
no se conserva registro, demuestran el intento de la gente por expresarse.
Buscaban palabras, exigían reconocimiento y anhelaban una comunidad. Por cada
carta que se publicó, hubo miles de personas que jamás encontraron el valor, la
información o los medios para definir su identidad, viviendo bajo la
incomprensión, el menosprecio y la exclusión de una sociedad altamente
sexualizada.
La
llegada de internet y la creación de plataformas como AVEN en 2001, y
posteriormente Tumblr, Twitter o Instagram, no “crearon” la asexualidad.
Simplemente proporcionaron, por fin, los medios que no habían sido posibles a
lo largo de la historia, permitiendo la visibilización y la toma de conciencia
colectiva sobre esta realidad.
La
asexualidad no es una moda contemporánea, es una orientación sexual que ha
resistido al borrado histórico.
[1] Cavanagh, S. L. "Spinsters,
Schoolmarms, And Queers: Female Teacher Gender And Sexuality In Medicine And
Psychoanalytic Theory And History." Discourse 27.4 (2006): 421-440. Print.
[2] Rothblum, E. D., y Brehony, K.
A. (1993). Boston marriages: Romantic but asexual relationships among
contemporary lesbians. University of Massachusetts Press.
[3] Peripheral Desires: The German
Discovery of Sex. University of Pennsylvania Press. 2015. p. 122.
[4] Bauer, J. Edgar. (2012).
"Sappho und Sokrates": On Magnus Hirschfeld's Reconceptualization of
the Human and the Critical Task of "Sexualaufklärung".
[5] Leidinger, Christiane (2013).
Transgressionen – Streifzüge durch Leben und Werk von Emma Trosse (1863-1949).
Männerschwarm Verlag GmbH.
[6] Schlegel, C. (1907). Presbytery
of New Orleans. The Presbyterian Historical Society, Philadelphia.
[7] Kinsey, A. C. et. al. (1953). Sexual
behavior in the human female. Indiana University Press.
[8]
Orlando, Lisa (Septiembre 1972). "The Asexual Manifesto". Asexual
Caucus/New York Radical Feminists. University of Waterloo.
Referencias
[9] Robb, George. "Between Science and Spiritualism: Frances Swiney's Vision of a Sexless Future." Diogenes, vol. 52, no. 4, Nov. 2005, pp. 163-168.
[10]
Gutiérrez, C. (2022). La revolución (a) sexual. Editorial Egales.

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