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La Asexualidad Existía Antes de las Redes Sociales (Celia Gutiérrez, 2026)

Un recorrido histórico por los rastros invisibilizados de la asexualidad antes de internet, desde el siglo XIX hasta la aparición de las primeras comunidades ACE online.





Existe una creencia, tan extendida como errónea, de que la asexualidad surgió de la noche a la mañana en internet. Sin embargo, el lenguaje no inventa las realidades: simplemente se construye a medida que tomamos consciencia de ellas para poder nombrarlas.
 
La asexualidad ha existido siempre, mucho antes de que existieran las redes sociales. Al igual que con otras numerosas realidades, no ha aumentado el número de personas asexuales que existen, sino que se conoce mejor, lo que permite nombrarlo y visibilizarlo. Esto no ha sido posible durante gran parte de la historia, lo que se traduce en una dramática ausencia de registros debido a la carencia de testimonios, el borrado histórico y la interpretación errónea de aquellos que sí se conservaron. Al fin y al cabo, lo que no se nombra, no existe, y no se puede concienciar sobre algo si no se sabe de su existencia y ni siquiera se han acuñado los términos adecuados.
 
Ese es el principal motivo de las escasas referencias históricas: no solo su número es reducido, sino que aquellas que hoy en día se podrían entender como asexuales o arrománticas también tienen otras explicaciones posibles, ya que se registraron con conceptos de la época que engloban diferentes realidades, como decisiones religiosas, priorización de otras actividades, posturas políticas, otros aspectos de la sexualidad como la libido o condiciones médicas.
 
Este marco de pensamiento se aplicaba a personajes ficticios, como la representación mitológica y espiritual de los ángeles y ciertos personajes de distintas mitologías. Además, se aplicaba a personas reales; por ejemplo, con aquellas que practicaban el celibato religioso.
 
Ciertos movimientos sociales también reflejaban esta realidad. Por ejemplo, en la década de 1880 surgió el movimiento “spinster” [1]: mujeres angloparlantes que se negaban a cumplir las expectativas de género. Afirmaban que “el sexo no es una necesidad humana”, reivindicaban vivir sin compañía masculina y defendían vínculos entre ellas.
 
De forma similar, a finales del siglo XIX y principios del XX proliferaron los “matrimonios de Boston” (documentados más tarde por Rothblum y Brehony) [2], acuerdos de mujeres que vivían juntas para no depender de un hombre. Se ha teorizado que estas mujeres eran lesbianas o bisexuales, y es probable que también hubiera algunas asexuales, pero el vocabulario de la época no era suficiente para distinguirlo.
 
Esta realidad se intentó definir de manera cada vez más precisa. Así, en 1869, el periodista Karl-Maria Kertbeny usó la palabra “monosexual” para definir a quien no tenía relaciones sexuales y solo practicaba la masturbación [3]. Tres años después, en 1872, el sexólogo Magnus Hirschfeld habló de “anestesia sexual” (término que se perdió en las traducciones al español al cambiarse por “célibe”) [4].  En 1897, la sexóloga alemana Emma Trosse ofreció la primera definición de asexualidad [5].
 
En el siglo XX, se afina este concepto: ya en 1907, el activista Carl Schlegel exigía públicamente leyes iguales para “homosexuales, heterosexuales, bisexuales y asexuales” [6]. En 1953, el biólogo Alfred Kinsey añadió la Categoría X en su famosa escala para “personas sin relaciones socio-sexuales” [7]. En los años siguientes, distintos profesionales ofrecieron diversos términos y explicaciones para intentar definir la asexualidad.
 
Los primeros testimonios particulares explícitamente asexuales que se conservan datan de las décadas de 1970 y 1980, con distintos periódicos que ofrecían espacios para que sus lectores mandaran cartas y, en algunas de ellas, expresaban su asexualidad. En esa época se empezaron a publicar documentos por parte de activistas, como Lisa Orlando, que, con su “The Asexual Manifesto” [8] de 1972, elaboró un documento pionero que sentó algunas de las bases del activismo actual.
 
Estos testimonios, los que nunca se llegaron a expresar y todos aquellos de los que no se conserva registro, demuestran el intento de la gente por expresarse. Buscaban palabras, exigían reconocimiento y anhelaban una comunidad. Por cada carta que se publicó, hubo miles de personas que jamás encontraron el valor, la información o los medios para definir su identidad, viviendo bajo la incomprensión, el menosprecio y la exclusión de una sociedad altamente sexualizada.
 
La llegada de internet y la creación de plataformas como AVEN en 2001, y posteriormente Tumblr, Twitter o Instagram, no “crearon” la asexualidad. Simplemente proporcionaron, por fin, los medios que no habían sido posibles a lo largo de la historia, permitiendo la visibilización y la toma de conciencia colectiva sobre esta realidad.
 
La asexualidad no es una moda contemporánea, es una orientación sexual que ha resistido al borrado histórico.

Referencias


[1] Cavanagh, S. L. "Spinsters, Schoolmarms, And Queers: Female Teacher Gender And Sexuality In Medicine And Psychoanalytic Theory And History." Discourse 27.4 (2006): 421-440. Print. 
 
[2] Rothblum, E. D., y Brehony, K. A. (1993). Boston marriages: Romantic but asexual relationships among contemporary lesbians. University of Massachusetts Press.
 
[3] Peripheral Desires: The German Discovery of Sex. University of Pennsylvania Press. 2015. p. 122.
 
[4] Bauer, J. Edgar. (2012). "Sappho und Sokrates": On Magnus Hirschfeld's Reconceptualization of the Human and the Critical Task of "Sexualaufklärung".
 
[5] Leidinger, Christiane (2013). Transgressionen – Streifzüge durch Leben und Werk von Emma Trosse (1863-1949). Männerschwarm Verlag GmbH.
 
[6] Schlegel, C. (1907). Presbytery of New Orleans. The Presbyterian Historical Society, Philadelphia.
 
[7] Kinsey, A. C. et. al. (1953). Sexual behavior in the human female. Indiana University Press.
 
[8] Orlando, Lisa (Septiembre 1972). "The Asexual Manifesto". Asexual Caucus/New York Radical Feminists. University of Waterloo.

[9] Robb, George. "Between Science and Spiritualism: Frances Swiney's Vision of a Sexless Future." Diogenes, vol. 52, no. 4, Nov. 2005, pp. 163-168.
 
[10] Gutiérrez, C. (2022). La revolución (a) sexual. Editorial Egales.


Firma:
Celia Gutiérrez

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