Un breve webcomic de Isaki Uta aborda, con sorprendente sensibilidad y realismo, las dificultades de las relaciones entre personas alosexuales y asexuales, invitando a cuestionar la amatonormatividad, la sexualidad obligatoria y nuestra propia concepción del amor.
Hay obras que impresionan por la complejidad de su trama, otras por la profundidad de sus personajes y otras, sencillamente, por la honestidad con la que retratan una experiencia humana. Mine-kun is Asexual, de Isaki Uta, pertenece a este último grupo. Se trata de un webcomic muy breve, casi un esbozo de ideas que la autora desarrollaría posteriormente con mucha mayor amplitud en Is Love the Answer?, pero cuya sencillez no impide que deje una huella profunda. Al contrario: precisamente porque renuncia a largas explicaciones y prefiere mostrar antes que teorizar, consigue transmitir con enorme naturalidad una realidad que rara vez encuentra representación en la ficción.
La historia gira en torno a Mine, un joven que explica con absoluta sinceridad que es birromántico, pero asexual. Desde el principio queda claro que no se considera una persona incapaz de amar; lo que ocurre es que experimenta el amor de una manera distinta a la esperada socialmente. Él mismo se percibe como alguien que tiene una carencia, alguien que no logra sentirse "normal" porque no vive el romance ni busca la intimidad sexual como parece hacerlo el resto del mundo. Esa sensación de extrañeza hacia uno mismo, tan frecuente entre muchas personas asexuales antes de comprender plenamente su identidad, está representada con una sensibilidad admirable.
Sin embargo, la obra no convierte la asexualidad en un discurso explicativo. Mine ya sabe quién es, aunque todavía esté intentando entenderse mejor. De hecho, hay un momento especialmente significativo en el que aparece leyendo filosofía precisamente con ese propósito: comprenderse a sí mismo y comprender mejor a Murai, la chica que se ha enamorado de él. Para Mine resulta casi un milagro que alguien haya querido salir con él, y cuando expresa esa idea, Murai se emociona profundamente al descubrir que sus sentimientos son considerados por él algo extraordinario. Es una escena sencilla, pero enormemente conmovedora, porque muestra que ambos están intentando encontrarse desde mundos afectivos distintos.
Uno de los mayores aciertos de Mine-kun is Asexual es que plantea preguntas muy interesantes sin ofrecer respuestas cerradas. ¿Qué diferencia existe realmente entre una amistad, una pareja convencional o una relación de tipo QPR? La obra no utiliza explícitamente este último término, aunque resulta evidente que está presente en el trasfondo de muchas conversaciones. Mine sostiene que el amor consiste en el vínculo entre las personas y que para ello no son imprescindibles ni el sexo ni los besos. Esa afirmación impacta profundamente a Murai y, probablemente, también al lector, porque obliga a cuestionar muchas de las ideas que solemos dar por evidentes acerca de las relaciones.
El manga también refleja con bastante acierto la presión social que rodea a cualquier forma de amor que se aparte de la norma. Una amiga de Murai llega a sugerir que Mine probablemente sea homosexual y que simplemente la esté utilizando para parecer "normal". Más adelante, esa misma presión reaparece cuando descubre que la pareja lleva varios meses saliendo sin haberse besado todavía. La sorpresa no nace tanto de la falta de afecto entre ambos como de la incapacidad para concebir que una relación pueda construirse siguiendo otros ritmos o respondiendo a otras necesidades.
Y, sin embargo, Mine y Murai sí construyen una relación. Salen juntos, desayunan, van al cine, pasan tardes enteras viendo películas, conversan durante horas y disfrutan sinceramente de la compañía mutua. Hay una escena especialmente representativa cuando Murai interpreta una invitación a ver películas en su casa como el posible comienzo de una mayor intimidad física. La realidad, sin embargo, es mucho más sencilla: simplemente pasan un buen rato juntos viendo la saga completa. No ocurre nada más. En otra ocasión, mientras Mine abraza una almohada, Murai bromea preguntándole si puede intercambiar el puesto con ella. Él responde que no. Son pequeños momentos cotidianos que ilustran con enorme delicadeza cómo el afecto puede existir incluso cuando determinadas formas de contacto físico no resultan cómodas para una de las personas implicadas.
Precisamente por ese realismo, la historia duele.
Lo que más me impresionó de la obra fue comprobar hasta qué punto una relación entre una persona alosexual y una persona asexual aparece retratada como algo perfectamente posible. No estamos ante un relato que convierta la diferencia en un conflicto permanente ni que presente la asexualidad como un obstáculo insalvable. Al contrario: Mine y Murai se quieren de verdad. Se respetan. Disfrutan estando juntos. Su relación podría haber durado.
Y precisamente por eso el desenlace resulta tan doloroso.
En cierto momento, Mine le dice a Murai que puede romper con él cuando quiera porque siente que nunca podrá darle aquello que ella necesita. Cree que no es suficiente para hacerla feliz como pareja romántica o sexual. Murai, profundamente afectada, le propone entonces una última condición: que la bese y la abrace una sola vez, y después romperán. Él acepta, aunque visiblemente incómodo. El beso finalmente llega, y para ella se convierte en un instante de felicidad absoluta. Sin embargo, también marca el final de la relación. Antes de despedirse, Murai le dice algo que probablemente constituye el verdadero corazón de toda la obra: que él no tiene ningún problema ni ninguna carencia, que ella se enamoró precisamente de quien él era. Ambos se agradecen mutuamente haberse enamorado y siguen caminos distintos.
Tiempo después, Murai cuenta que tuvo otra relación y perdió la virginidad, pero confiesa que sigue recordando a Mine y que todavía siente esa punzada en el pecho cuando piensa en él.
La historia me dolió profundamente. Me pareció que Isaki Uta muestra una relación muy bonita entre dos personas, una relación que realmente podría haber durado. Me duele que por un beso todo termine. Me duele porque es exactamente el tipo de situación que puede ocurrir en el mundo real. No porque las personas alosexuales sean egoístas o malvadas, sino porque la amatonormatividad y la sexualidad obligatoria han calado tan profundamente que, en ocasiones, convierten determinadas expectativas —el beso, el sexo, cierta forma de intimidad física— en condiciones indispensables para considerar satisfactoria una relación. Hay casos, incluso, en los que una persona alosexual deja de plantearse una relación desde el mismo momento en que descubre que la otra persona es asexual, simplemente porque presupone que el sexo debería ocupar un lugar prioritario e irrenunciable.
Quizá sea precisamente ahí donde Mine-kun is Asexual realiza su aportación más interesante dentro de las obras de temática asexual. Frente al desarrollo mucho más amplio, explícito y pedagógico de Is Love the Answer?, aquí Isaki Uta concentra toda la atención en una cuestión muy concreta: ¿puede funcionar una relación entre una persona alosexual que necesita cierta intimidad física y una persona asexual birromántica que siente incomodidad ante ese mismo contacto? La respuesta no es optimista ni pesimista. Simplemente es realista. La relación funciona durante un tiempo. Existe amor. Existe respeto. Pero también existen necesidades distintas que no siempre encuentran un punto de equilibrio.
Ese es el gran mérito de la obra: obligarnos a formular preguntas incómodas. ¿Cómo puede un beso —o todo lo que ese beso representa: necesidad de intimidad física, deseo sexual o determinadas expectativas románticas— acabar destruyendo una relación basada en el cariño mutuo? ¿Es realmente el sexo, o incluso los besos, un elemento tan imprescindible para algunas personas que puede convertirse en un auténtico dealbreaker? ¿Hasta qué punto muchas personas están utilizando el sexo para suplir otras necesidades afectivas que podrían satisfacerse mediante una comunicación más profunda, otras formas de intimidad o estructuras relacionales diferentes?
No creo que el manga responda directamente a estas preguntas. Tampoco creo que pretenda hacerlo. Lo que sí consigue es invitar al lector a cuestionar ciertos supuestos que normalmente permanecen invisibles. Si dejáramos de asumir que una relación sana exige necesariamente sexo, romance convencional o contacto físico constante, quizá descubriríamos que existen muchas más formas de quererse de las que solemos imaginar. Tal vez aprenderíamos también a respetar mejor las necesidades del otro, a establecer límites conjuntamente y a construir relaciones menos determinadas por la inercia social y más por el diálogo y el cuidado mutuo.
Por todo ello, recomendaría Mine-kun is Asexual prácticamente a cualquier lector, aunque probablemente resulte especialmente significativa para quienes ya conocen, aunque sea de forma básica, la realidad de la asexualidad. Para muchas personas ace puede convertirse en un espejo en el que reconocerse; para otras, en un punto de partida desde el que comenzar a reflexionar. Es una obra breve, realista, reflexiva y profundamente emocional que demuestra que no hacen falta muchas páginas para plantear algunas de las preguntas más importantes sobre el amor, la intimidad y la manera en que decidimos relacionarnos con los demás.
Firma:
Sangue Shi
Redactor Jefe de la Revista Loto Negro
Editor Jefe de Sangue Shi Ediciones
Administrador de ACE Post-Sexuality

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