No sé cuándo apareció
la primera persona asexual sobre la faz de la tierra, ni me voy a poner
arqueológica con eso. Lo que sí sé es cuándo apareció la primera persona
asexual dentro de mí: el día en que descubrí que lo que yo sentía —o más bien
lo que no sentía— tenía nombre. Y ese día algo se acomodó. Como cuando por fin
encuentras la palabra exacta que llevabas años buscando en la punta de la
lengua.
Porque seamos
honestas: la sociedad tiene un goal muy claro para cualquier interacción
con potencial romántico, y ese goal se llama «cama». Te lo venden como
la validación suprema, la conexión más profunda que dos personas pueden
alcanzar, el examen final de toda atracción. ¿Te gusta alguien? Genial, ahora
acuéstate con esa persona para comprobarlo. Y a mí, sinceramente, esa lógica
nunca me cuadró. No porque no lo haya intentado —lo he hecho, he tenido
relaciones sexuales— sino porque, hecho el experimento, la revelación nunca
llegó. No sentí el estallido cósmico que prometían. Y durante mucho tiempo
pensé que el problema era mío.
Con el tiempo entendí
que el problema, si acaso, era del guion. Alrededor del sexo hay toda una
industria, un aparato de consumismo y capitalismo que necesita convencerte de
que el deseo sexual es el termómetro de tu valor como persona. Cuestionar eso
no es un capricho filosófico de sobremesa: es prácticamente un acto de
resistencia económica. Quien no compra la narrativa, no compra el producto.
Aquí conviene
detenerse, porque es justo donde más se malinterpreta todo. La asexualidad no
es una casilla cerrada ni un club con un único carné de socia. Es un espectro:
una franja larga que va desde la ausencia total de atracción sexual hasta
experiencias más intermitentes, condicionadas o de baja intensidad, con paradas
intermedias como la demisexualidad o la grisexualidad. No hay una sola manera
de ser ace, y esa es precisamente la parte que la conversación pública se sigue
saltando.
Es decir: haber
tenido pareja, haber sentido admiración estética por alguien famoso, haberte
enamorado —nada de eso te saca del espectro. Y, sin embargo, es justo lo
primero que me sueltan cuando comento que soy asexual: «pero si has tenido
parejas», «pero si te parecen guapos algunos artistas», «pero si a ti te ha
gustado gente.» Como si la atracción estética, romántica o afectiva fuera
intercambiable con la sexual. No lo es. Y la confusión no es mala fe, casi
siempre: es simplemente que la información sobre esto sigue siendo escasa,
incluso dentro de espacios que se consideran informados.
No siempre lo dije
sin culpa. Hubo una época en la que nombrarlo me pesaba, porque sentía que
decepcionaba a mis parejas, a mis vínculos, a mí misma, por no funcionar «como
los demás». Ese guion de la decepción es exactamente lo que se desarma cuando
empiezas a rodearte de otras personas asexuales. Ahí fue cuando entendí lo más
importante: que cada quien vive su asexualidad de una manera completamente
individual, que ninguna experiencia es calcada de otra y que, aun así —o
precisamente por eso—, tenemos muy pocos referentes públicos con los que
identificarnos. Por eso creo que a las personas asexuales nos falta hacernos
más visibles, no para encajar en un molde nuevo, sino para que existan más
moldes.
Mientras la sociedad
no se anime a cuestionar su propia sexualidad, a estudiarla, a dejar de asumir
que es un dato fijo y evidente sobre sí misma, la asexualidad va a seguir
siendo tratada como una rareza en lugar de como lo que es: una orientación tan
legítima como cualquier otra, solo que todavía invisible. Y lo invisible no es
lo mismo que lo inexistente. Es, simplemente, lo que todavía nadie se ha
molestado en mirar bien.
Un espectro, no una etiqueta única
La red AVEN describe el espectro asexual como aquel en el que la atracción sexual hacia otras personas está ausente, o se experimenta con poca intensidad, poca frecuencia, bajo condiciones muy específicas, o incluso de forma fluctuante en el tiempo, y aclara que esto no equivale a celibato, a no sentir deseo, a no enamorarse ni a no poder excitarse. (AVENes, Red para la Educación y Visibilidad de la Asexualidad, es.asexuality.org)

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